lunes, 11 de noviembre de 2013

Capítulo XXIV

Y de pronto, antes de que yo alcanzase un punto donde hacía pie, él se dio la vuelta para marcharse.
-¡No! Espera.
Empecé a nadar más rápido, todo lo rápido que pude. Pero le perdí de vista entre los árboles. Salí del agua entre tropezones y eché a correr hacia los árboles. Le llamé, grite su nombre y le dije que yo también le quería. Pero no obtuve respuesta. Le había vuelto a perder.
·   ·   ·
Mientras tanto, en casa de Nuria…
-¡Mamá! Estaba el monstruo que antes casi me hizo perder la muñeca. ¡Ha venido a por mí!- Dijo la niña entrando atropelladamente en la cocina.
-Vamos, Carolina, no seas tonta.- Dijo el padre sin hacerle mucho caso. No levantó la vista del libro que estaba leyendo.
-No inventes Carolina.- Dijo Nuria con voz burlona.
-¡No invento! ¡Y estaba llevándose tu bici Nuria!
-Si seguro. ¿Y no habrás confundido a Superman con el monstruo?- Volvió a burlarse Nuria.
-¡Os lo prometo! Jope, nunca me creéis.
-Vamos Carol, seguro que la va a devolver. Ya verás cómo está en su sitio mañana mismo.- Intervino la madre acariciándole el pelo dorado.
-La ha robado. ¡Ya verás! Ven y verás que no está en su sitio.
-Vamos, Carol, déjalo ya.
-¿Qué te apuestas?
-Un helado.- Contestó Nuria sonriente.
-Vale.
-Vamos a ver.- Suspiró la madre.
La madre cogió de la mano a Carol y ellas dos y Nuria se encaminaron al cuarto de las bicis. Por el camino Nuria siguió vacilando a Carol todo lo que quiso mientras su madre la dirigía miradas gélidas.
Llegaron al cuarto de las bicis.
-¿Ves? Aquí no hay nada.- Dijo Nuria abriendo la puerta con la sonrisa burlona aún en el rostro.
Pero a ella y a su madre se les congeló la sonrisa y abrieron la boca en forma de O al ver que faltaba una bici. La de Nuria. Pasaron a la caseta y miraron bien por todos lados, como si Carol la hubiese escondido.
-¡Ja!
-No puede ser.- La madre de Nuria estaba incrédula.
-Vamos, Carol, suéltalo. ¿Dónde la has escondido?- Tras el momento de sorpresa, Nuria reaccionó. No podía haber desaparecido. Seguro que la enana la había escondido para llamar la atención.
-Te lo he dicho Nuria. La han robado. ¡Y tú no me creías! Te lo dije. Era una chica monstruo con unos pelos de loca y la cara sucia. Tenía la ropa sucia y desgarrada por algunas partes. ¡Parecía sacada de un cuento de Halloween! Aunque la verdad, sus ojos eran muy bonitos, de un azul verdoso precioso.
La madre aún parecía desconcertada. Seguía con la boca abierta y aún no había dejado de mirar por el cuarto en busca de la bici. Dio la vuelta a la caseta para ver si la veía.
Sin embargo, a Nuria volvió a helársele la sonrisa al oír la descripción.
-¿Tenía el pelo castaño?
-Sí.- Respondió la niña.
Lo que pensó Nuria fue: “¿Se parece mucho a Miriam, no?”.
·   ·   ·

Mientras tanto, en el claro del lago, yo volví al agua. Empecé a tener frío, pero no salí. El agua fría casi me hacía daño. Pero el dolor me impedía pensar. Sumergí la cabeza hasta quedarme sin aire, cogí más y volví a sumergirme. Me hice un par de largos. Nadé hasta el fondo, cosa que me costó varios intentos debido a la gran profundidad del lago. Los labios se me pusieron violetas, y los dientes me castañeaban. Ya era de noche. El sol se había ocultado del todo.
Finalmente, no pude alargar más el baño si no quería enfermar de hipotermia, y tuve que salirme. Aunque casi hacía más frío fuera. Corría una brisa nocturna helada, y yo no tenía toalla. Me sacudí el agua del cuerpo y del pelo como pude, y me vestí con la ropa de Sara. Seguía teniendo el pelo un poco mojado así que seguí sacudiendo el agua mientras me lo peinaba con los dedos.
Cuando acabé de vestirme y peinarme como pude, volví a los árboles. Estaba segura de haber visto a Marcos. Segura.
Aunque la verdad, no tenía mucho sentido. Le había visto irse en el coche hacía ya mucho rato. ¿Qué se supone que había hecho? ¿Volver al lago donde casualmente estaba yo bañándome para irse al momento sin decir nada?
No tenía nada de sentido.
Pero le había visto. Volví a gritar su nombre, pero mi voz se la llevó el viento antes de obtener ninguna respuesta. Después de un rato me di por vencida y volví al claro. Después me acurruqué detrás de una roca y cerré los ojos.

Di vueltas y más vueltas en la “cama”, pero no conseguía dormirme. Finalmente, me rendí y fui a dar un paseo. Primero pensé en coger la bici, pero al final decidí ir andando.
Recorrí el trecho de árboles. La parte más frondosa era realmente difícil de pasar. Me había costado un montón hacerlo con la bici.
Anduve por el camino mientras pensaba en Marcos. El cielo estaba sin nubes y se veían las estrellas. Eso me recordaba a él. En nuestra primera cita fuimos a ver las estrellas. Nos tumbamos boca arriba en la hierba. Ese día había lluvia de estrellas. Fue precioso. Cuando se acabó la lluvia de estrellas nos besamos.
Aparté esos pensamientos de mi cabeza. Con eso solo conseguía hacerme daño.
Llegué a la carretera mientras aún intentaba apartar esos pensamientos de mi cabeza.
Me paré en seco. Al otro lado de la carretera, vi a dos ángeles hablando. Tenían las alas fuera, espléndidas. No era la primera vez que veía unas, pero siempre que lo hacía, me impresionaba. Esta vez también. Eran unas alas preciosas, blancas, con destellos plateados. Esas eran las del ángel desconocido. Y luego estaba el ángel que estaba de espaldas a mí. Ese era Axel. Sus alas también eran blancas, aunque más grandes. Además, las suyas tenían destellos dorados.
Cuando conseguí apartar la vista de las alas, me percaté de la gravedad de la situación. Si me veían, en cero coma estaría de nuevo encerrada en la casa abandonada, y ya nadie podría sacar de ahí a Daniel.
Mi primera reacción fue retroceder sin conseguir apartar la vista de ellos, pero tropecé y me caí de espaldas. No estoy segura de si me oyeron. Yo me levanté y me escondí detrás de un árbol. Recuperé el aliento y agachado, fui recorriendo el camino de vuelta al claro del lago. Solo miré hacia atrás una vez. Y no vi a Axel y al otro ángel donde estaban antes. Pero que yo sepa no me habían seguido.
Solo estuve más tranquila cuando atravesé la parte frondosa de árboles que había justo antes de llegar al claro del lago.


Una vez allí, cogí la bici y la escondí detrás de una de las rocas que había en la orilla del lago, junto a la pared rocosa del claro. Cogí la ropa que llevaba antes y también la puse detrás de una roca. Incluso me planteé la posibilidad de abandonar el claro. Pero finalmente decidí quedarme. Puede que en el camino de vuelta Axel me viese, e igual no conocía mi escondite, solo estaba aquí por casualidad (eso último no me lo creo ni yo). Bueno, el caso es que aunque decidí quedarme, iba a tomar precauciones. Dormiría en las rocas junto al lago, para que hubiese menos posibilidades de que me viese. Y todo estaría escondido para que nadie sospechase que aquí había alguien. Cuando encontré un lugar entre las rocas cómodo para dormir, me tumbé y volví a cerrar los ojos.
Primero no podía dejar de pensar en Marcos. En lo que me pasó antes cuando me estaba bañando. Juraría haberle visto. Aunque la verdad, cada vez estaba menos segura.
Luego vino Jake a mi cabeza. Le quedaba poco más de una semana. A no ser que yo interviniese. Sabía que tenía que hacerlo, pero aún así, no era capaz de entregarme a Axel. Aún no. Antes de morir, o de perder mi voluntad, quería besar a Marcos por última vez. Solo una vez más.
Y por último Daniel.  Ahora estaba segura. Le quería, pero como amigo. Nada más. Lo que pasó en la casa abandonada fue un error. Y jamás debí pedirle ayuda. No había servido para más que para conseguir que le encerraran, hacerme un lío con mis sentimientos y hacer que la gente pensase mal.
Me desperté a eso de las nueve. Primero no recordaba dónde estaba, pero cuando acabé de abrir bien los ojos recordé todo de golpe. Me había ido al lago a pasar la noche porque estaba resguardado. Y había quedado con Sara a primera hora. ¡A primera hora!
Me incorporé de golpe y miré a mi alrededor. Puede que fuesen incluso más de las nueve. No tenía reloj. Recogí la ropa y la até a la bici. Me lavé la cara con agua del lago, y atravesé el tramo de árboles que había para llegar al camino. Cuando conseguí traspasarlo, monté en la bici y empecé a pedalear. Lo más probable es que Sara ya hubiese despertado. Habíamos quedado en vernos a primera hora. Seguro que se preocuparía si no aparecía pronto.
Pedaleé a toda velocidad, con miedo de toparme con Axel por el camino. O con cualquier otro ángel. Seguro que ya había dado orden de que me buscaran.
Cuando llegué al pueblo me faltaba el aire. Tardé unos cuarenta minutos en llegar. Nada más llegar, escondí la bici detrás de unos árboles, al lado del río. No quería correr más riesgos. Si alguien me veía con la bici, iban a sospechar.
Después de eso, atravesé corriendo el pueblo hasta llegar a casa de Sara. Estaba demasiado cerca de la mía, así que tenía que tener cuidado. Por el camino, miré la hora en la farmacia. Eran las diez y media. Había calculado mal la hora antes.
Llegué a casa de Sara. La luz de su cuarto estaba apagada. O no se había despertado o yo había llegado demasiado tarde. Iba a darme a vuelta para marcharme cuando oí la puerta abrirse y salió Sara. Al verme pareció sorprendida. Luego reaccionó. Parecía enfadada.
-¿Ha pasado algo?
-¡¿Te has vuelto loca?!
-¿Por? ¿Ha pasado algo?
-¡Robarle la bici a Nuria! ¿De verdad esa te parece la mejor forma de pasar desapercibida? Porque a mí no. Su prima te vio. ¡Y te describió tal cual! Nuria sabe que has sido tú. Anoche me llamó para contármelo. Yo intenté convencerla de que no, pero dudo mucho que lo haya conseguido. Y seguro que se lo ha contado a los demás.
-Pero…
-¡Puede que incluso se lo haya contado a sus padres! Imagínatelo. Axel sabría que no estás muy lejos y tus padres sabrían que has estado aquí. Y todo se iría a la mierda. Axel te encontraría, tus padres se hundirían de nuevo, y perderíamos cualquier posibilidad que tengamos de rescatar a Daniel.
-Joder Sara, ya sé que la he cagado. Creía que nadie me estaba viendo, pero luego me di la vuelta y vi a la niña. Creí que no sería capaz de decir quién era yo. Joder.
-Pues ha sido capaz. ¿Y por qué narices le has robado la bici a Nuria?
-El lugar que pensé para pasar la noche no está a dos pasos que se diga. Necesitaba algún medio de transporte más rápido que ir andando. Y solo se me ocurrió la bici. Pero no sabía de dónde sacar una. A mi casa no podía entrar. Me verían fijo. Así que pensé que sería fácil robarla tomarla prestada para luego devolverla en su casa. Como su jardín es tan grande. Tuve cuidado… No sé cómo no oí llegar a la niña.
-Jope, Miriam. Es que la has cagado mucho… Vas a tener que andarte con ojo.
Mi estómago gruñó de hambre
-Sara, ¿te importa sacarme algo de comer? Llevo sin comer apenas nada desde que me encerraron ahí. Estoy que me muero de hambre.
-Está bien. Ten cuidado.
-Vale.
-Enserio, Miriam. No tienes ni idea de quién sabe que has robado esa bici. Cualquiera puede ser peligroso.
-Está bien.
Desde que entró en la casa, no dejé de recriminarme a mí misma mi error. Sara tenía razón. La había cagado mucho. Debería de haber tenido más cuidado. O haber pensado una solución menos temeraria. Joder.
-Toma. Ya te daré algo más después. De momento, confórmate con esto.
Traía un bocadillo y una botella de agua.
-¿De qué es?
-De algo que a ti te encanta.
Me lo dio. El olor me hizo arrugar la nariz.
-¿Chorizo?- Abrí el bocadillo. En efecto, era chorizo.- Sabes que odio el chorizo.
-Vaya.
Se hizo la despistada y echó a andar. Lo había hecho aposta. Era su venganza por no haber tenido cuidado antes. Suspiré y la seguí. Era mejor que nada.
-¿Dónde vas, Sara?
-Vamos a dar un paseo por el pueblo y así me cuentas cómo te ha ido esta noche.
Sara era así. Un minuto estaba que echaba humo del enfado y al siguiente actuaba como si nada.
Por el camino la fui contando lo que me había pasado desde que me despedí de ella por la tarde. No me interrumpió cuando la conté lo de la bici, ni lo del baño. Pero cuando llegué a la parte de Marcos detuve el relato a la espera de su opinión.
-¿Pero no habías visto a Marcos marcharse en un coche negro? No era él. Seguro que te lo imaginaste.
-Era muy real. Estaba segura de haberle visto…
-Fue un espejismo. No fue real. Además no tiene sentido que te dijese “te quiero” y luego se fuese corriendo sin dar explicaciones. Te lo imaginaste y ya está.
-Supongo que será eso… No sé…
Suspiré y seguí el relato. Pero cuando le conté la parte de Axel, me interrumpió.
-¿Qué Axel estaba enfrente tuyo? ¿Y eso no es mucha coincidencia?
-Es lo que pensé yo.
-Y eso le da algo de sentido a lo de Marcos.- Puse cara de no comprender.- ¿Y si fue un hechizo suyo? Y después con magia te incitó a acercarte a él. ¿Podría ser, no?
-Tal vez.- Lo que decía tenía sentido. Si hubiese usado la magia, tendría más sentido el hecho de que hubiese aparecido casualmente al lado del lugar donde Miriam estaba pasando la noche.- Pero hay una cosa que no encaja. Se supone que a la gente como yo no puede hacerles hechizos sin su consentimiento.
-Tal vez a ti no. Pero al crear una réplica exacta de Marcos tal vez fuese eso lo que te incitó a ir hacia la dirección en la que el clon de Marcos fue.
-Claro.- Lo pensé. Ahora todo tenía sentido.
Proseguí y acabé mi relato sin más interrupciones. Entonces, antes de que Sara pudiese abrir la boca, una voz nos heló a ambas la sangre en las venas.

-Buenos días, niñas.- Era Axel.

4 comentarios:

  1. Me encanta la nove! hdsgfhsbdfj es muy hermosa, y te atrapa al máximo es muy interesante, por favor síguela cuando puedas si? Y si no comento rápido es por problemas que nunca faltan, espero que estés bien ;) beso y tkm

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    1. gracias jeje y no te preocupes si te entiendo ;) Ami me está costando un monton seguir la nove este curso entre los estudios y todo... Pero ahi vamos jeje un besito tequi:)

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  2. Cuando sabes el siguiente?

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