viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo XIII

¡Qué fuerte! De pronto, un escalofrío recorrió mi espalda y empecé a sentir miedo. Puede que parezca ridículo, pero nadie aparte de Marcos sabía que estaba ahí, y si Axel y su… ¿compañero? Bueno, si me encontraban… ¡No quería ni pensarlo! Eché a andar hacia el pueblo. Cada dos por tres, miraba para atrás esperando ver a un tío con una daga y alas de ángel siguiéndome. Y entonces, oí el ruido de una rama partiéndose detrás de mí, y fue suficiente. Eché a correr con todas mis fuerzas. Me arañaba con las zarzas y las plantas, pero en ese momento me daba igual. Solo quería salir de allí y volver al pueblo. Por fin, atravesé el río y llegué a la calle principal. Miré una vez más hacia atrás, pero no vi nada extraño. Lo más probable es que la rama la hubiese partido un animal.
Llegué a mi casa. ¡Por una vez no había llegado tarde! Con la carrera que me había pegado… Subí a mi cuarto y me eché en la cama. Me quedé tumbada pensando en todos los acontecimientos extraños que habían sucedido este verano: los sueños, el libro, la sombra del bosque, el coche negro… ¡El coche negro! La primera vez del verano que estuvimos en la plazoleta esa también lo vi entrar en el pueblo y me pareció extraño. ¡Y Marcos se ­­puso súper nervioso y preocupado al verlo ayer! Seguro que tenía algo que ver en todo este lío.
-¡Miriam, a comer!- Me llamó mi madre desde la cocina.
Cuando llegué, solo estaban mi abuela y mi madre.
-El abuelo se ha llevado al primo a nosedonde e iban a comer allí un bocadillo.- Me informó mi madre.
-Ah.- Dije distraída.
Me senté en la mesa y empecé a esparcir los macarrones por el plato sin prestar atención a lo que decían mi madre y mi abuela.
-Bueno, Belén, ¿has vuelto a hablar con Axel?- Dijo mi abuela en un tono extraño, como si quisiese llamar mi atención. Pero lo que más llamó mi atención fue lo de Axel. No podía haber mucha gente con ese nombre, ¿no?
-¡Mamá!- Exclamó mi madre con una cara sorprendida. ¡Menuda reacción!
-¿Si?- Dijo ella como si nada.
-Creo que deberíamos hablar esto a solas.
-Yo no opino lo mismo. Debe saberlo. Al fin y al cabo, tiene que ver con ella.
-¿Qué está pasando?- Pregunté extrañada.
-Nada, hija. ¿Por qué no subes a tu cuarto?
-Pero no he tomado postre.- Me quejé como excusa para quedarme. Sabía lo improbable que era que funcionara, pero había que intentarlo
-Coge un bombón y sube arriba, Miriam.- Dijo mi madre con un tono que no admitía réplica.- Y tú y yo tenemos que hablar.- Dijo aún más seria dirigiéndose a mi abuela.
Finalmente me resigné y salí de la cocina sin coger el bombón. Subí las escaleras a mi habitación corriendo y pensé en la posibilidad de bajar a espiar lo que decían. Si me pillaban me iba a llevar una buena bronca, pero esto podría ayudarme a entender todo lo que estaba pasando. Finalmente me decidí por bajar. Quien no arriesga no gana, ¿no? Bajé las escaleras sin hacer ruido y recorrí el pasillo hasta llegar a la puerta de la cocina. Allí, apoyé la oreja contra la puerta y escuché.
-¿Cómo se te ocurre decir eso delante de Miriam?
-Debe saberlo. Eso es todo.
-¿Y si yo creo que no debe saberlo? ¡Soy su madre! Creo que soy capaz de decidir qué es lo mejor para mi hija.
-Pero tiene que saber a lo que se enfrenta.
-¡Si no lo sé ni yo!
-Mira, Axel hablaba enserio. Miriam está en peligro. Y si lo sabe, tendrá más cuidado.
-No. No quiero preocuparla. Y, ¿cómo puedo saber que es verdad? De repente, viene un tío que no había visto en 18 años y me dice que mi hija está en peligro y que está poniendo en peligro a la gente del pueblo al permanecer aquí. ¡Es una locura!- La última frase la dijo acompañada de un sollozo. Sentí pena. Parecía tan triste.
-Venga, Belén. No te preocupes. Ahora vete a descansar. Ya seguiremos hablando luego, ¿quieres? Ahora voy a la despensa a por unas hierbas para hacerte una infusión.
Tardé un momento en reaccionar, pero luego caí en que para ir a la despensa, tenía que salir de la cocina. Pero ya fue demasiado tarde, se giró el picaporte de la puerta de la cocina y no me quedó otra que esconderme detrás de la puerta con la esperanza de que mi abuela no alarmase a mi madre. Salió, y al cerrar otra vez la puerta de la cocina, me vio. Yo la supliqué con la mirada que no dijese nada, y ella asintió con una expresión resignada.
-Venga, sube a tu cuarto, Miriam. No deberías saberlo. Tú madre no lo quiere así. Sube.
Asentí. Al fin y al cabo, mi madre no me había pillado gracias a ella. La debía una, y lo mínimo era obedecerla.
Cuando llegué a mi habitación pensé en lo que acababa de oír. Así que Axel le había dicho a mi madre que yo estaba en peligro. Si era un programa de cámara oculta, la verdad es que se estaban pasando un poco.
Me tumbé en la cama a leer un poco el libro de “La isla de los Ángeles Caídos”. Me había quedado en “La historia del primer Ángel Caído”. Empecé a leer.
Esta, es la historia de Will y Juliet. Will era un ángel de hace siglos. Un buen día se enamoró. Tenía 21 años, y era alto y apuesto. Podría haber tenido a cualquier chica ángel que hubiese querido, pero él eligió a una mortal. Se llamaba Juliet.
Estuvieron saliendo a escondidas durante 2 meses. Quedaban en sitios donde no había nadie, ya que si descubrían su relación, ambos estarían en grave peligro. Pero, Juliet, desconocía el mundo de los ángeles. No entendía los motivos de que nadie pudiera verles. Sin embargo, confiaba en Will.
Sin embargo, un día de finales de verano, la diosa Afrodita, en una de sus visitas a la Cloud City, traducido del griego como Ciudad de las nubes, y morada de los ángeles, vio a Will. Era un chico de cabello negro y los ojos de un brillante azul oscuro. Era alto y fuerte. Le gustó ese ángel. Hasta entonces, ningún ser, mortal o sobrenatural, se había podido resistir a sus encantos. Pero Will, lo hizo. Su corazón le pertenecía ya a otra. Aunque eso, Afrodita lo desconocía. Después de intentar toda clase de trucos durante un mes para conquistarlo, se rindió. Y tomó otra decisión. Se vengaría de él por haber puesto en duda sus capacidades. Pero, antes, tendría que descubrir su punto débil. Para hacerlo, bajó a la Tierra, donde descendía Will a menudo últimamente y le espió. Tras unos días, por fin consiguió localizarle en una playa pequeña y solitaria. Se escondió detrás de unas rocas y esperó. Tras unos minutos, apareció en la playa una chica de cabello dorado y ojos verdes. Era delgada y muy guapa. Vestía un vestido de la época de color blanco y unas sandalias marrones. Ella se acercó a Will, y él la saludó llamándola Juliet. Afrodita extrañada, siguió observando. Y así vio como Juliet y Will se sentaban en la orilla a hablar, y luego se levantaban a dar un paseo por la orilla. Parecían llevarse sospechosamente bien. Afrodita entonces empezó a entender la situación. Entonces, Will levantó a Juliet en volandas por la cintura y la dio una vuelta. Al dejarla en el suelo, ella se agarró a su cuello, y él se inclinó lentamente hasta que sus labios se juntaron.
Unos golpes en la puerta de cristal del balcón me sacaron bruscamente de la lectura. ¡Ahora que se estaba poniendo interesante! Puse el libro debajo de mi almohada y descorrí la cortina blanca. Era Marcos. Abrí la puerta  y le sonreí.
-¿Habíamos quedado?
-¿Es que no te alegras de verme?
-Un montón.- Respondí dándole un abrazo. Cuando estaba con él no podía dejar de sonreír.
-He venido a decirte que si podíamos quedar a las cinco y media. Quería que fuésemos a un sitio especial.
-¿A qué sitio?
-Es una sorpresa.- Dijo con una sonrisa traviesa.
-Deja que consulte mi agenda.- Dije guiñándole un ojo.- ¿Pasas?
Marcos se rió y asintió. Entró a mi habitación y cerré la puerta detrás de él. Cuando me volví, él estaba detrás de mí y me dio un abrazo acompañado de un beso. Yo sonreí mientras me besaba.
-Creo que estaré disponible esta tarde.- Le dije al oído.
-Genial. ¿Te veo luego?
-¿Ya te vas?
-Me tengo que ir, princesa. Luego te veo. Te vendré a buscar a las cinco y media. Vendré por el balcón, ¿vale? Hasta luego.- me dio un beso de despedida y se fue.
¡Qué emoción! ¿A dónde querría llevarme? Siendo él, podía ser cualquier cosa. Le quería un montón. Solo llevábamos saliendo dos días, pero habían sido los mejores de mi vida. ¡Era perfecto! “Como Will” dijo una vocecita dentro de mi cabeza. Sentía curiosidad de ver cómo continuaba el libro, pero ahora no me apetecía leer. En vez de eso, encendí el ordenador y me conecté al tuenti. Me conecté al chat, y estaba Carla conectada.
-¡Hola!- Saludé
-¡Hola! ¿Cómo estás?
-¡Genial! Estoy saliendo con Marcos. Pero todo es muy raro. ¿Tú?
-Muy bien. Últimamente está haciendo buenísimo. Estábamos planeando una quedada este finde para ir a hacer surf. Pero se te va a echar de menos.
-Yo también os echo de menos. ¿Cómo están los demás?
-Bueno… Lucía acaba de romper con Fran. Él está de bajón. Y luego, Sandra está tan loca como siempre, y los demás también están bien.
-Me alegro.
-¿Por qué dices que todo es muy raro?
-Es que, joder, tía. Están pasando mogollón de cosas extrañas y todas parecen estar relacionadas entre sí. Y Marcos parece estar  metido en todo eso.
-Pero, ¿qué pasa? ¿Crees que te está engañando?
-¡No! No me refiero a ese tipo de cosas extrañas. Aunque sí es verdad que ha estado con la imbécil de Irene una temporada. Pero ya rompieron. ¡Aunque ahora ella me odia más de lo habitual! El otro día, que yo además estaba de bajón, me paró en medio de la calle y me empezó a gritar. ¡Todo muy fuerte!
-Joder, tía. ¿Pero él ya la ha olvidado?
-En realidad, creo que nunca la quiso demasiado.
-Ah. Bueno, ¡cuéntame! Aparte de por las cosas extrañas, ¿qué tal con Marcos?
-¡Genial! Me ha venido a despertar con un “Buenos días princesa” esta mañana. ¡Es perfecto! Me encanta.
-¡Me alegro! Bueno, ahora tengo que irme. Mi madre me está diciendo que la ayude a recoger. ¡Ya me contarás más detalladamente lo de las cosas extrañas!
-Un beso, guapa.
-Adiós, cariño, un beso.
Miré mis notificaciones. Solo eran comentarios en fotos y eventos. Me desconecté y puse música. Después de escuchar “call me maybe” y “heartbreaker” apagué el ordenador y cogí el libro de debajo de mi almohada. Después, me senté en mi escritorio a leer.  ¡Quería saber que pasaba con Juliet y Will!
Entonces, Afrodita tuvo claro lo que tenía que hacer para vengarse de Will, y ya de paso, de la mortal por robar su corazón. Solamente, tenía que denunciar al actual gobernador de los ángeles, Caliel, la relación entre Will y la mortal. Ambos morirían. Y bo tendrían escapatoria. Pero, entonces, tuvo una idea mejor. Como diosa, tenía poder sobre los ángeles. Les pediría hacerse cargo de Will. Cuando Juliet hubiese muerto, Will la olvidaría uy ella por fin podría conquistarle. O al menos eso pensaba. Y tal vez lo pensase porque nunca se había enamorado.
De nuevo, unos golpes en la puerta del balcón me sacaron de la lectura. Descorrí la cortina y era Marcos. Abrí la puerta.
-Hola.
-¿Cómo estás?
-Muy bien. ¿Y tú?
-Ahora que estoy contigo mucho mejor.
Le sonreí y le di un besé suavemente en los labios.
-Pero, ¿no habíamos quedado a las cinco y media? Solo son las cinco menos cuarto.
-Lo sé, pero no aguantaba más sin verte. ¿Puedo pasar?
-Claro.- Me di la vuelta para pasar hacia mi cuarto cuando caí en la cuenta de que no me había dado tiempo a esconder el libro debajo de la almohada. ¡Y si lo veía iba a tener problemas! Rápidamente, me di la vuelta otra vez, haciendo que casi nos chocásemos.- Pensándolo mejor, ¿por qué no salimos afuera? No me apetece estar aquí metida otra vez.
-¿Pasa algo?- Preguntó extrañado, intentando mirar por encima de mi hombro.
-¡Qué va!- Exclamé cogiéndole del brazo dándole la vuelta para salir por el balcón.- ¿Nos vamos?
-Como quieras. Bajaré yo primero, ¿vale?
Asentí y miré de nuevo hacia mi habitación. El libro estaba sobre mi cama. ¡Ojalá mi madre no entrase a mi cuarto!
-¡Ya puedes bajar!- Gritó Marcos desde abajo.
-Ya voy.
Pasé la primera pierna por la barandilla. ¡Odiaba bajar de esta forma! Luego la otra pierna. Me agaché lentamente hasta conseguir un sitio donde agarrarme con las manos. Luego, busqué un punto de apoyo para el primer pie, y así, fui descendiendo muy lentamente. ¡No quería arriesgarme a caerme de nuevo!
Cuando llegué al suelo, unas manos me agarraron por la cintura suavemente, y Marcos acercó lentamente su cara hacia mí, hasta que alcanzó a juntar nuestros labios en un beso.
-Te quiero.- Le susurré al oído.
Él sonrió alegremente y me cogió un mechón de pelo para hacerlo girar entre sus dedos. Después, puso su mano en mi nuca, y volvió a acercarse para besarme. Luego se separó, sin perder su sonrisa.
-Ahora, tienes que quedarte ahí un momento, ¿vale?- Me dijo.
-Claro. Te espero aquí.
-Cierra los ojos.- Me pidió.
-¿Qué? ¿Por…?
-¿Confías en mí?- Me interrumpió.
Lo pensé un momento. Había un millón de cosas raras y misteriosas que sucedían a su alrededor. En verdad, ¿confiaba en él? Luego, pensé en si sería capaz de perderme en el bosque con él, en si le veía capaz de hacer daño a alguien, y llegué a la conclusión de que sí. A pesar de todo lo que estaba pasando, sí, confiaba en él.
-Sí.- Cerré los ojos y esperé.
Tras unos segundos, volví a oír unos pasos que se acercaban.
-Vale. Puedes abrirlos un momento.- Lo hice y le vi más cerca de lo que me esperaba. Mi corazón empezó a latir a toda velocidad.
-¿Me vas a decir ya dónde vamos?
-No.- Dijo sonriendo con esa sonrisa perfecta que me encantaba.- Ahora, te voy a tapar los ojos con este pañuelo para que no veas a dónde vamos.
-Mm… ¿Está lejos?- Pregunté mientras él me anudaba un pañuelo que me tapaba los ojos. Olía a él. Tenía un olor a almendra y naranja que habría reconocido en cualquier parte.
-Bueno…- Empezó mientras me cogía de la mano y empezaba a andar.- Tendremos que ir un trecho en moto. Pero valdrá la pena. Te lo prometo.
-Ya veremos.- Sonreí.
-Ya verás.- Dijo.- Cuidado. Ahora tienes que subir a la moto.
-¿No me puedes quitar la venda aunque solo sea mientras subo?
-No. No quiero que veas lo que voy a llevar.
-Qué misterioso estás, ¿eh?
Con cuidado, y tanteando el asiento con las manos, me subí en la moto. Cuando me hube sentado, subió marcos delante de mí.
-Vale. Ahora, agárrate.
Me agarré a su cintura y él arrancó. Supuse que habíamos salido del pueblo, porque él aumentó su velocidad un poco. Apoyé la cabeza en su espalda. ¡Me encantaba montar en moto! Cuando era pequeña, mi tío solía llevarme en la suya. Pero hacía tiempo que había dejado de usarla. Desde pequeña, me había encantado la sensación de libertad: mi pelo ondeando al viento, porque íbamos a toda velocidad. Era parecido a montar a caballo. Aunque a mí, por supuesto, me gustaba más lo segundo. Cuando era pequeña, mi abuelo tenía unos caballos. Me llevaban a montar de vez en cuando. A mí me encantaba.
La moto se fue deteniendo poco a poco hasta pararse del todo. Entonces, solté a Marcos y él bajó de la moto.
-¿Puedo quitarme ya la venda?
-Espera, aún no. Casi estamos.
Suspiré y esperé. Entonces, unas manos me cogieron de la cintura y me bajaron de la moto. Cuando bajé, me coloqué bien la falda del vestido. Si hubiese sabido que íbamos lejos y que tendríamos que montar en moto, me habría puesto pantalones.
-Ahora tendremos que andar un poquito. Pero es muy poco.- Me informó Marcos.
Me cogió la mano y empezamos a andar hacia quiénsabedónde.
-¿Falta mucho?- Pregunté después de unos minutos. No me gustaba la sensación de andar sin ver dónde pisaba ni saber dónde iba.
-No. Ya casi estamos.
Seguimos andando durante unos minutos más y por fin él se detuvo.
-Ahora, agacha la cabeza.
-¿Qué?- Empecé.
-Tú hazlo.- Me interrumpió.
Lo hice y él me condujo hacia la izquierda un poco. Luego, por fin se volvió a detener.
-¿Estás lista?
-¿Tú qué crees?- Sonreí.
Me quitó la venda, y yo miré a mi alrededor. Me quede… La palabra más adecuada es maravillada. Estaba en un pequeño prado de flores lilas y de otros colores claros. En un lado del prado, había un lago de agua cristalina. Sobre sus aguas, flotaban algunos nenúfares. Alrededor del prado, había árboles muy juntos y paredes de piedra. En una de las paredes de piedra, había una pequeña entrada disimulada con unas plantas. Debíamos haber entrado por ahí. La verdad, el paisaje parecía sacado de un cuento de hadas.
Le miré con una expresión maravillada.
-Es precioso.
-Me alegro de que te guste.- Luego, sacando una cesta de detrás suyo, añadió:- Además, he traído esto para hacer un picnic. ¿Te apetece?
Yo, simplemente, me agarré a su cuello y le di un beso en los labios. Él me puso un mechón de pelo detrás de la oreja y me miró con esa mirada suya tan dulce que hacía que mi corazón se acelerase.
-Supongo que eso ha sido un sí.- Dijo sonriéndome.
Luego, sacó de la cesta un pareo azul oscuro con dibujos de color blanco.
-¿Vienes?- Dijo ya sentado.
Con una sonrisa, me acerqué hasta él y me senté a su lado.
-Bueno. ¿Y qué has preparado?- Pregunté sin perder la sonrisa en ningún momento.
- He traído magdalenas y unas latas de refresco. Además, hay dos bocadillos de jamón por si te apetecía más algo salado.- Luego añadió con una sonrisa de burla:- Espero que esté a la altura de la señorita.
Le di un pequeño empujón y me reí.
-Con las magdalenas está bien. ¿Qué refrescos has traído?
-Fanta de naranja y coca cola. ¿Qué te apetece?
-Coca cola.
Sacó de la cesta una bolsa con las magdalenas y dos latas de coca cola.
-¿Estamos muy lejos del pueblo?- Pregunté.
-A veinte minutos.
-¿Cómo descubriste este sitio? Me encanta.
Dudó un segundo, pero finalmente, empezó a hablar.
-He venido aquí alguna vez este año con mi tío.- Por su expresión, supe que no iba a entrar en detalles.
Después de merendar, mientras hablábamos de música y cosas por el estilo- es decir, nada relacionado con ángeles ni con su tío- Marcos se levantó y se quitó la camiseta.
-¿Te apetece darte un baño?- Dijo mientras se quitaba el pantalón quedándose en calzoncillos.
-No he traído bikini.
-¿Y te da vergüenza?- Dijo con un tono que era una mezcla entre divertido y de burla.
Sentí que se me sonrojaban las mejillas mientras él se tiraba al lago.
-¡Está buenísima!
Le vi nadar y bucear durante un rato mientras yo me debatía entre meterme o no.
-¡No sabes lo que te estás perdiendo!
Le vi sumergirse una vez más y finalmente decidí meterme. ¿Qué más daba? Me quité la camiseta y el pantalón y me acerqué al agua. Él soltó un silbido al verme.
-Tonto.- Me burlé sonrojándome de nuevo. Después me tiré con un hábil salto de cabeza.
- ¡Ya era hora!- Dijo cuando saqué la cabeza
-¡Está fría!- me quejé.
-¿Ah sí?- Me salpicó entre risas, y yo también empecé a salpicarle a él.
Después de estar salpicándonos un rato y echarnos unas carreras, salí del agua. Estaba quedándome helada. Me escurrí el pelo y me vestí, aunque seguía teniendo frío. Al momento, Marcos también se salió del agua. Se vistió  se sentó al lado mío.
-¿Qué pasa?- Pregunté al verle mirándome.
-Nada. Es solo que eres preciosa.
-Eh, gracias.- Dije sonrojándome de nuevo.
-¿Te ha gustado?
-Me ha encantado.- Apoyé la cabeza en su hombro y estuve así un rato. Era una sensación muy agradable. Aunque después empecé a sentir frío.
-Tenemos que irnos. Estás tiritando.
-¿Yo?- No quería irme.
-Vamos, mi amor. Ya volveremos otro día, ¿vale?
Finalmente, asentí y volvimos hasta donde estaba aparcada la moto. Él levantó el asiento de su moto. Ahí, aparte de los cascos, guardaba una cazadora de cuero de color negro. La cogió.
-Toma, póntela. Igual te queda un poco grande, pero así tendrás menos frío.
-Gracias.- Me encantaba Marcos. Era un novio perfecto. Era atento, cariñoso, romántico, simpático, divertido… Encima era guapo.
Después de ponerme la cazadora, subí a la moto. Era mucho más fácil hacerlo sin los ojos vendados.
Llegamos a casa a eso de las nueve. Ya era casi de noche.
-Adiós.- Me despedí bajando de la moto. Estaba empezando a subir por la pared, cuando Marcos me cogió de la mano para hacerme bajar de nuevo.
-¿Ni un beso de despedida?- Preguntó sonriendo.
-No sé, no sé.
-Anda…- Insistió mirándome con esa penetrante mirada suya de color azul.
Le di un beso suave, que fue haciéndose más intenso. Él me puso las manos en la cintura y yo me agarré a su cuello sin dejar de besarle. Luego, sus manos se metieron por debajo de mi camiseta.
-¿Subimos arriba?- Pregunté en voz baja.
Él asintió y me hizo un gesto de que subiese yo primero. Empecé a subir por la pared mientras recuperaba el aliento. Marcos llegó unos segundos más tarde.
-Te quiero.- Le dije volviendo a besarlo. No sé cómo, pero acabé atrapada entre Marcos y la puerta del balcón. Aunque tampoco me importaba mucho.
Sus manos se volvieron a meter por debajo de mi camiseta mientras yo me volvía a agarrar a su cuello. Luego, con una mano empecé a tantear a mi espalda a ver dónde estaba el picaporte de la puerta. Por fin lo encontré y pasamos, sin separarnos ni un segundo del abrazo. Fuimos andando sin dejar de besarnos hacia mi cama, y acabé encontrándome tumbada con Marcos encima, aunque por supuesto no ponía su peso sobre mí. Le quité la camiseta y la puse un lado. Luego, volví a besarle mientras metía la mano entre su pelo. Él me estaba empezando a levantar la camiseta cuando, de repente se incorporó de golpe y se puso de pié. Le miré extrañada. Estaba muy serio.
-¿Qué pasa?
-¿Qué se supone que significa que tengas este libro, eh?

Se acercó hasta la cama y levantó el libro de “La isla de los Ángeles Caídos”

15 comentarios:

  1. Me encanta todo! Tu manera de escribir y mostrar características de cada cosa, la manera de expresarte, de redactar y sobre todo me encanta tu imaginación. Sigue así, llegaras alto :D

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    1. GGGGGGGGRRRRRRRRRRRRRAAAAAAAAAAAAACCCCCCCCCCCCCIIIIIIIIIIIIAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! :) Muchísimas gracias, enserio :)
      Un beso, tk ;)

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  2. Woww mola.un monton!!! Desde el primer capitulo ni he podido dejar de leer. Me encantaaa :) sube el siguiente yaa ;)

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    1. muchas gracias, Lala :) Todavía no sé cuándo subiré elsiguiente, antes del viernes supongo. Bueno, un beso y gracias otra vez ;)

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  3. Miriam, gracias por poner comentarios en mi novela diferentesnovela.blogspot.com se agradece mucho de verdad. Me encanta tú novela, no me cansaré de decirtelo. En cada capítulo nuevo te pondre un comentario, porfas hazlos un poquitín más cortos :)

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    1. Denada :) Y gracias a ti tambn, yo también te lo agradezco mucho, a ti y a todos los que me comentan ;)
      Pero lo de los capítulos, lo de hacerlos más cortos, no sé... Subo uno cada bastante tiempo, en vez de hacerlos más cortos, no te los leas todos del tirón. En los libros ya publicados también son así de largos o más y me gustaría que se pareciese lo máximo posible a un libro de verdad.
      Pero gracias otra vez ;)
      Un beso,
      Miriam :)

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    2. A vale, como tu quieras, tu eres la artista y escritora :) un beso enorme. Seguro que cuando sea mayor veo un libro que se llame "La isla de los angles caidoa" y pensare: aiba! Yo cuando era pequeña me leia esta novela y me encantaba entonces me la :D comprare para tenerla de recuerdo

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    3. Aiba se me han cambiado el orden de las palabras jajajaja

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    4. Jajajaja okis. Y gracias por el consejo de todas formas ;) si tienes alguna otra sugerencia, dime :) Jo, sería genial lo de ver mi novela algún día en una librería... Y yo la tuya también la compraría ;) jejeje
      Bueno, un beso :)

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  4. Me encanta!!!!!!!!!!! Escribes dpm es mazo interesante sube el siguiente capi yaaa!!
    Un besazo

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    1. Muchas gracias :)) Me alegro de que te guste ;)
      Un beso a ti tambn ;)

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  5. Miriam ya he publicao el nuevo capítulo en mi novela diferentesnovela.blogspot.com

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  6. wow!! PERDÓN POR NO ENTRAR ANTES PERO SE ME ROMPIÓ LA COMPUTADORA Y HAYYY DIOS ESTABA DESESPERADA POR VER LA NOVE!!,es como una clase de droga jaja. Pero la amo seguila por favor, por que juro que la amo. TKM
    Beshoos

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    1. jajajaja no pasa nada ;) Y mil gracias, enseriooo!!!! Tus comentarios me suben la moral xD subiré el siguiente ya hoy. Bueno, un beso guapa tqm

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