martes, 21 de mayo de 2013

Capítulo VI


-Hola.- Saludó, así sin más. Me quedé callada unos segundos esperando que me explicase lo que acababa de pasar, pero no dijo nada y me tendió la mano para ayudarme a levantarme.
Se la tuve que coger, porque aún me dolía un montón el tobillo. Me levanté. Pegué un grito ahogado nada más posar el pie en el suelo. ¡Dolía un montón!
-¡Miriam! ¿Qué pasa?- Preguntó Marcos alarmado mirándome a los ojos.
-Solo es el tobillo. Creo que me lo he torcido.
-A ver, te ayudo.- Dijo pasándome el brazo por la cintura para sujetarme.- Tu madre llamó a Jake preguntándole por ti y nosotros todavía estábamos en casa de Nuria, así que nos dividimos para buscarte. ¿Estás bien seguro?
-Sí, sí.- Mentí forzando una sonrisa.
-Se nota un montón cuando mientes, ¿sabes?
-¿Mentir yo? Qué va, si yo…
Él me interrumpió cogiéndome en brazos para llevarme hasta el pueblo. Primero me quejé, pero al ver que no iba a dejarme en el suelo, me resigné y me quedé quieta.
-Eh, Marcos… ¿Viste a alguien más cuando ibas por el bosque?- Pregunté, sin muchas esperanzas de que me respondiese la verdad.
Él se me quedó mirando y al ver que yo no estaba segura de que hubiese sido así dijo:
-No. No vi a nadie en todo el camino. ¿Por?
-No, por nada…
Me quedé en silencio pensativa. La verdad era agradable estar así. Casi me dio pena llegar a mi casa.
-Bueno, ya hemos llegado. Te veo en la fiesta de esta tarde, ¿no?- Preguntó como si estuviese seguro de que iba a darle por respuesta un sí.
-No creo, con el retraso y lo del tobillo no sé si mi madre me dejará.
-Dile que te caíste en casa de Nuria y que fue en las escaleras o algo así, y que tardamos en encontrarte. Y que por eso no sabíamos dónde estabas cuando ella llamó.
-Puede funcionar.- Admití.- Y gracias. Por todo.
-Adiós, te veo esta tarde.
Me metí en casa pensando en lo que podría haber pasado si no hubiese estado Marcos ahí. Y en por qué fue así. No sé, me parecía demasiada coincidencia que apareciese justo cuando me caí y que le hubiese tocado justo a él buscarme en esa parte del bosque. Podría haber sido cualquier otro, pero no, fue él.
-¿Miriam?- Llamó mi madre desde la cocina.
-Estoy aquí.
-¡Miriam! Estaba muy preocupada. ¿Cómo se te ocurre desaparecer así sin más? ¡Y sin decírselo a nadie! Porque ninguno de tus amigos sabía de ti. ¡Pensaba que te había pasado algo!
-Deja que te lo explique, por favor.
Me miró a los ojos y asintió.
-Simplemente, había ido al baño de la casa de Nuria, y allí se había colado un gato, que cuando abrí la puerta, salió disparado hacia el pasillo. Le seguí para sacarle a la calle, ya que no era de Nuria. ¡Su madre les tiene alergia! Entonces el gato subió las escaleras. Yo me lo pensé un segundo y después salí al patio un momento a ver si había alguien cerca para decirle que iba a buscar el gato, que igual tardaba un poco, pero no vi a nadie. Todos debían de estar en la caseta, así que volví a la casa y subí las escaleras en busca del gato. Me pasé un buen rato buscándolo, pero no lo encontraba. Ya me iba a bajar, cuando por fin le vi salir de su escondite. Entonces le cogí en brazos y empecé a bajar las escaleras. Era un gato grande, pesaba bastante. A mitad de las escaleras más o menos, el gato me clavó las uñas en el jersey arañándome el brazo, así que le solté, y me resbalé. Creo que me desmayé durante unos minutos. Me caí, así que… Además, me he hecho daño en el tobillo.
Mi madre me miró el jersey. La mentira podía explicar por qué estaba algo descosido por algunas partes, aunque la verdad fuese que se me había enganchado con las ramas.
-¿Y cómo es que no sabían dónde estabas?- Preguntó, algo desconfiada
-Estaba en las escaleras, pero ellos no lo sabían. Fue Marcos el que me encontró.- Lo último era verdad.
-Ya… Bueno. ¿Puedes andar?
Lo intenté. Me dolía un montón. Di unos pasos y hice un movimiento que le dejo ver a mi madre que no podía andar.
-Madre mía. Ve al salón apoyándote en la pared. Yo voy ahora a ver cómo tienes eso.
Suspiré y la obedecí. Ahora iba a ser bastante más difícil convencerla para ir a la fiesta. Aunque no me apetecía mucho ver a Jake. Seguía enfadada con él. Es que no me había sentado nada bien que hubiese dicho eso. Pero, lo peor es que puede que tenga razón. Y… Eso era bastante malo.
Me senté en el sillón y puse la tele mientras mi madre venía. Pensé en alguna idea para que me dejara ir. Se lo debía a Víctor.
-A ver, descálzate que te vea ese tobillo.
Hice lo que me decía.
-¡Madre mía!- Dijo otra vez.- Lo tienes hinchado. Voy a ponerte una venda.
Mi madre es enfermera, y siempre que me pasaba algo de este estilo se metía en su papel totalmente, hasta que  con nueve años la dije que no sabía lo que querían decir la mitad de las cosas que decía y se lo empezó a tomar más como madre que como enfermera.
-A ver, quédate quieta.- Me dijo mientras empezaba a vendarme el pie.
Cuando acabó, ya eran más de las tres. Comí muy poco y fui a pedirla ir a la fiesta de Víctor. Si quería ir a ayudar antes de que empezara tenía que marcharme ya.
-Eh, mamá…
-¿Si, Miriam?
-Quería decirte… Bueno, esta tarde Víctor cumple dieciocho años, y me gustaría ir a la fiesta.- Cuando empezó a abrir la boca para decir que no añadí.- Es en casa de Nuria, aquí al lado, tendré mucho cuidado y el tobillo casi no me duele ya.
-Has dicho casi
-Nada. No me duele nada.
-No Miriam.
-Pero si no es nada.
-He dicho que no. Y ya veremos mañana si sales, depende de cómo tengas lo del pie. Y ahora vete a descansar.
Me di la vuelta enfadada y subí a mi cuarto. Si mi madre había tomado la decisión de que no, era imposible convencerla de lo contrario. Aún así, no me parecía justo. Era mi tobillo, debería ser yo la que decidiese si estaba lo bastante bien como para ir a la fiesta.
Llegué a mi cuarto y cogí mi cuaderno de canciones. Ahí iba apuntando las canciones que pensaba para tocar con la guitarra con sus letras y sus acordes. Una idea empezó a rondar por mi mente. Estaba pensando cómo podían ser los primeros versos cuando mi móvil empezó a sonar.
Your hand fits in mine
Like it’s made just for me
But bear this in mind
Like made just for me
And I’m joining up the dots with the freckles of your cheeks
But you’re perfect to me
Miré la pantalla. Era Marcos.
-¿Hola?
-Hola Miriam.
-¿Qué pasa?
-Había pensado en pasarte a buscar para ir a preparar la fiesta. Por si no puedes o te cuesta por el tobillo.
-Lo siento Marcos. No me dejan ir.
-Bueno, déjame que…
-Y si mi madre dice que no, es que no.
-Escúchame, Miriam. Yo no he dicho nada de pedir permiso, ¿me oyes?
Me quedé callada unos segundos. ¿No estaría hablando en serio, no?
-¿Qué?
-A ver. Yo voy a tu casa y me cuelo dentro. Luego te ayudo a bajar sin que nos vean y vamos a casa de Víctor. No hace falta que te estés toda la fiesta. Solo estate mientras la preparamos y hasta que le felicites. Luego te ayudo a subir a tu casa sin que te vean y listo. Tú ahora dile a tu madre que te vas a dormir un poco porque te mueres de sueño y te aburres. ¿Todo claro?
-Estás loco.- Afirmé. Oí como se reía al otro lado de la línea y añadí.- Pero vale.
-Genial. Te paso a buscar en un rato. Date prisa en decirle eso a tu madre. Y estate preparada.
-Vale.
Colgué y pensé en la conversación que acabábamos de tener. ¿Por qué ahora de repente estaba tan… amable conmigo?
Bajé las escaleras lo más deprisa que pude hasta llegar al salón. Mi madre no estaba allí. Fui a la cocina y la vi en la entrada.
-Mamá, espera.
-¡Miriam! Creía que ibas a estar un rato más en tu habitación. Voy a ir a visitar a Rosa. ¿Te acuerdas de ella? Está en el hospital. Voy a llegar esta noche. No hace falta que me esperéis despiertos. Llegaré tarde. ¡Pero eso no significa que puedas salir! Le he pedido a tu tía que venga a vigilarte mientras los abuelos están en misa. ¡Pórtate bien!
-Mamá, no tengo seis años.- me quejé.
-Ya, ya lo sé. Adiós cariño.
Suspiré y subí a mi cuarto. Ahora había una parte buena y una mala. Mi tía se pasaba viendo la tele todo el rato que me tendría que estar vigilando. La mala, es que desde el salón, podía vigilar las dos entradas, así que no podía salir por ninguna de ellas.
Mi tía llegó cuando mi madre salía por la puerta.
-¡Miriam!- Saludó dándome un abrazo y dos besos.
-Hola, tía.
Mi tía Patricia se pasaba tardes enteras viendo telenovelas. Estaba soltera, pero eso no la importaba, o por lo menos, siempre había dado a entender eso. La gustaba la ópera y su mascota. Tiene un gato, Tom. Se lo traía siempre que venía a casa. Le quiere un montón.
-¿No saludas a Tom?
-Hola, Tom.- Era el momento de empezar la mentira.- Tía, me voy a subir a dormir un poco. Estoy muy cansada. Anoche dormí fatal. Cuando me despierte bajo.
-¿Te subo a despertar a alguna hora?
-No, no hace falta. Me pongo el despertador a las seis.
-¿Eso no es muy tarde?
-Bueno, no tengo nada más interesante que hacer.
-Está bien.
Subí a mi habitación y cogí mis cosas. El regalo de Víctor, que era una pulsera de cuero que había aprendido a hacer el verano pasado, y mi móvil. Lo metí en un bolsito y abrí la ventana para asomarme a ver si le veía. Nada. La cerré y me puse a leer “Canciones para Paula” mientras le esperaba. Estaba llegando a la parte en la que Paula estaba a punto de besarse con Alex, cuando alguien vino por detrás y me tapó los ojos.
-¿Quién soy?
-El único que ha podido subir hasta aquí sin pasar por la puerta. Marcos.
Me quitó las manos de los ojos y me di la vuelta. Como siempre, estaba guapísimo.
-Hola.- Saludé.
-Hola. ¿Lo tienes todo?
-Sí. ¿Por dónde piensas que bajemos? Mi tía está vigilando las dos entradas.
-Por aquí. Ven conmigo.
Marcos abrió la puerta de mi balcón y salió afuera. El balcón daba a la parte de atrás de la casa. Por esa calle nunca pasaba gente.
-Solo tenemos que bajar por la pared. Tiene un montón de salientes de roca, y te puedes ayudar con la enredadera para agarrarte.


Le miré con cara de “Será broma, ¿no?”,  pero él empezó a descender ágilmente por la pared. “Como si lo hubiese hecho un montón de veces”, pensé.
-¿Vienes?
-Marcos, no sé si…
-Vamos, es fácil. Inténtalo.
Suspiré. Ya le había dicho que tenía mal el tobillo. Si me decía que lo hiciese era porque estaba seguro de que todo saldría bien. Empecé a pasar la primera pierna por encima de la barandilla. La segunda. Ya estaba fuera. Lentamente y sin mirar al suelo, me fui agachando para llegar al primer agujero de la pared que me serviría como punto de apoyo. Fui bajando las manos hasta agarrarme a la enredadera y no a la barandilla. El tobillo me estaba matando. Fui bajando lentamente intentando no pensar en el dolor. Ya casi estaba abajo. Estaría a un metro y medio del suelo más o menos. Pero de repente, se soltó rama a la que estaba agarrada y todo empezó a suceder muy deprisa. Sentí como dejaba de estar agarrada. Ya no tenía ninguna mano agarrada a la pared. Marcos, que estaba a unos pasos de mí, puso una expresión asustada. Yo intenté agarrarme de nuevo a la pared, pero no pude. Entonces, los pies también se soltaron. Me caí.
Cerré los ojos. No estoy segura, pero creo que por lo menos no grité.
El impacto no fue nada duro. Aterricé suavemente. No quería abrir los ojos. Tenía miedo de lo que podía ver. Pero poco a poco, fui notando los brazos que me sujetaban. Y empecé a oír una voz que me llamaba.
-¡Miriam! ¡Miriam! ¿Estás bien?
Era Marcos. Pero, él no estaba… Bueno, da igual.
-Marcos. Sí, estoy bien.
-Miriam, yo… Lo siento. Te prometo que creía que era totalmente seguro. Lo siento mucho de verdad.- Su voz sonaba muy arrepentida.
-No te preocupes. Estoy bien. Además, tú me has salvado, ¿no?
-No tendría que haberlo hecho si no te hubiese obligado a bajar. No querías hacerlo, no tendría que haber insistido. Tú sabías cómo tenías el tobillo mejor que yo. Si ahora quieres irte a casa y dejarme aquí, lo entenderé. No te preocupes, no creo que los demás se enfaden.
-Marcos…
-Lo siento, de verdad. Mejor te acompaño hasta la puerta y me voy.
-¡Marcos! ¡Qué me escuches de una vez!- Vi como iba a decir algo, pero al ver mi expresión cerró la boca y me miró a los ojos.- A ver, no me ha pasado nada, ¿vale? Estoy bien. ¡Y es gracias a ti! Y esta mañana también me has ayudado tú. Sin ti, probablemente seguiría en el bosque.- “O en un sitio peor”, pensé recordando la sombra que me siguió.- Y gracias a ti, no solo estoy aquí, sino que puedo ir al cumpleaños de Víctor. Así que no te preocupes, si hay alguien que tiene que decir algo, soy yo la que te tiene que dar las gracias.
Me dejó en el suelo y me miró a los ojos otra vez. Esos ojos azules tan bonitos suyos. Su mirada era increíble. Le sostuve la mirada y él poco a poco, se fue inclinando hacia mí. Veía su cara cada vez más cerca de la mía.
Tenía que apartarme. Para eso, tenía que apartar la mirada. “No le mires. No le mires. No le mires. No le mi…”. Me cogió apartó un mechón de pelo de la cara para ponérmelo detrás de la oreja y fue suficiente como para olvidar qué tenía que hacer supuestamente. Su cara estaba ahora a unos centímetros de la mía.
Entonces, acercó su cara un poco más recorriendo los pocos centímetros que nos separaban y me dio un beso… en la mejilla.
-Me alegro de que estés bien, Miriam. 

8 comentarios:

  1. Hay dios que lindaaaa!! me ha encantadooo!! por favor siguela que esta buenísima ,LA AMO :D . Escribes de maravilla eres muy buena , siguela cuando puedas , Beshoos. Natty

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    1. Gracias!!! Me alegro mucho de que te guste :) Ya está subido el siguiente ;) Gracias por pasarte, y si te gusta, pasasela a tus amigos ;) GRACIAS :) Un beso, Miriam

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  2. Me encanta!!! Escribes muuuy bien, engancha muchísimooo!! Siguelaaa porfaa

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    1. muchas gracias, me alegro de que te guste :) y esta semana subo el siguiente ;)

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  3. Carmen_believerforever1 de junio de 2013, 21:24

    mola muxo *_* sta genial es mui interesant te sigo en twitter stoy deseando seguir leyendo

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    1. gracias, tu opinión y la de los demás cuenta mucho :) me alegro d k te guste

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