lunes, 13 de mayo de 2013

Capítulo IV


¿¡Qué!? ¿Cómo que tío? ¿Y cómo que yo era un problema para Marcos? Así que era él quien le había dicho a Marcos que me dijese eso…
-Mejor. Sabes que te conviene. Si los demás se enterasen de lo que hicisteis antes de ayer, estarías metido en un buen lío.- Continuó el hombre misterioso
-Lo sé.- Respondió Marcos sin mirarle a los ojos
-Eres mi sobrino, no me gustaría que te pasase nada.
Ya era suficiente. Abrí la puerta del patio trasero sin hacer ruido y salí. Allí salté la valla y me fui a casa. ¿Qué estaba pasando? ¿Y de qué estaba hablando el tío de Marcos cuando dijo algo así como que corría el riesgo de transformarse? ¿En qué? Aunque también estaba la posibilidad de que su tío estuviese loco y Marcos le hiciese caso para que no fuese a peor. Bueno, la verdad, lo veo bastante imposible. Por lo menos, ahora sabía que Marcos no me dijo eso porque no le importase. Cuando llegué a mi habitación, cogí una hoja y me puse a apuntar las cosas que debía averiguar:


Decidí empezar por el motivo por el que estuvo el tío de Marcos en el desván. Parecía lo más sencillo. Decidí que debía hablar con mi abuela sobre el contenido del baúl. Puede que consiguiese convencerla de que me dejase la llave. Me guardé la hoja en el bolsillo y bajé las escaleras. Acababa de entrar en la cocina cuando sonó el timbre. Abrí la puerta y eran Paula, Sara y Jake.
-¡Hola!- Saludaron
-Hola.
-¿Sales?- Preguntó Paula.
¿Y ahora qué la decía? No quería irme, solo quería seguir investigando. Pero si la decía que no me dejaban salir, Paula intentaría convencer a mi madre y se daría cuenta de la mentira. Y si la decía que no quería y punto se extrañaría y preguntaría.
-Vale.- Accedí finalmente.
Fuimos a dar una vuelta y un poco más tarde nos encontramos con los demás. Estaban todos menos Troy y Helena: Irene, Héctor, Jessie, Gema, Fran, Leo, Nuria y Víctor. También estaba Marcos.
-¡Hola!- Saludamos.
-¿Y Troy y Helena?- Pregunté.
-Se han ido a Madrid. Vuelven la semana que viene.
-Ah.
Fuimos a dar una vuelta, y Víctor, Gema, Jessie, Nuria y Héctor parecían tramar algo. Estaban sospechosamente callados y a veces cruzaban miradas cómplices. Hubo un momento en que Nuria se puso a hablar con todos ellos uno por uno y en voz baja. Mm… ¿Qué estarían pensando hacer? Llegamos a una especie de plazoleta con casas deshabitadas alrededor y que solo tenía dos calles de salida, por una de las cuales, nunca habíamos ido. Muchas veces íbamos allí, ya que como no vivía gente demasiado cerca, no molestábamos a nadie. Nos sentamos en un banco medio roto que había en un lado a hablar. Leo se puso a contar anécdotas graciosas. ¡Le pasaba de todo!
Entonces, los que antes también me pareció que se cruzaban miradas cómplices, volvieron a mirarse unos a otros.
-Ahora.- Dijo Nuria
Entonces ellos sacaron globos de agua y los demás tardamos unos segundos en comprender la situación. Entonces supimos qué había que hacer. ¡Correr! Irene y Leo se fueron corriendo por la calle de salida, no precisamente secos. Les alcanzaron varios globos. Irene se quejaba y reía. Leo bromeaba y maldecía. Marcos, Sara, Paula, Jake y yo tuvimos otra idea. Nos metimos en casas. Las puertas siempre cedían. Nuria me contó que lo descubrieron jugando al escondite cuando eran más pequeños. A partir de entonces, era más divertido. Paula y Jake se metieron en la misma casa y Sara, Marcos y yo en casas diferentes. Me reí en bajo cuando pasé la puerta. Se oía a los de los globos gritar dándose indicaciones, pero no les entendía. Oí una voz que se acercaba y subí las escaleras de la casa. Llegué arriba y vi otras escaleras que acababan en una puerta. Pasé. Esa también estaba abierta. Daba al tejado. Estaba al aire libre y desde allí… Se veía todo. Había una pasarela de madera que conectaba con el tejado de otra casa. Me fijé en la plazoleta. Vi a unos cuantos ahí abajo. Me fijé más y reconocí quién era cada uno. Solo faltábamos Jake, Marcos y yo. En el tejado que estaba conectado con este, se abrió una puerta. Era Jake. Cuando me vio pasó por la pasarela con cuidado y me sonrió.
-¿Qué tal?
-Seca.- Sonreí.- ¿Tú?
-También.
-¿Sabías algo de esto?
-No tenía ni idea.- Admitió.- No sé cuándo lo hablaron, pero estaba bien pensado. Si salíamos por la calle de siempre, nos alcanzarían los globos. Y si nos metíamos en casas… Bueno, tendríamos que bajar en algún momento.
-Ya. Nosotros también tenemos que bajar.- Le recordé.
-Luego.- Dijo asomándose al borde. Desde allí se veía mucho. La plazoleta estaba bastante alta, y la casa también. Desde aquí, se veía la entrada oeste del pueblo. Era la que llevaba a la ciudad. Me pasé un rato observando los coches que pasaban en la distancia cuando hubo uno que llamó mi atención. Era negro y parecía nuevo y caro. No había oído que nadie se hubiese comprado un coche hacía poco, y conociendo a mi abuela, si alguien lo hubiera hecho, ella hubiera sido la primera en saberlo. Sería de algún extranjero. No sabía por qué me extrañaba. No sería la primera vez que la gente atravesaba el pueblo para no ir por la autovía. Sin embargo, tenía un extraño presentimiento. La voz de Jake me sacó de mis pensamientos.
-E o.- Me llamó la atención. Debía de haberme dicho algo que no había oído.
-Sí, te escucho. ¿Qué? Es que…
-No pasa nada. Solo te estaba diciendo que deberíamos ir bajando. Ya se han acabado los globos creo y pronto va a ser la hora de comer.
-Okey, vamos.
Bajamos las escaleras y llegamos abajo. Abrimos la puerta con precaución.
-Hola.- Saludé a los demás.
-¡Hola! ¿Dónde estabais?- Preguntó Nuria.
-En la casa.
Habíamos sido los últimos en llegar. Marcos ya estaba allí, un poco mojado. En realidad, todos estaban mojados menos nosotros. Incluso los que tenían los globos. Parece ser que había habido gente que se había vengado de los que les habían mojado.
-Bueno, vámonos que tengo frío.- Se quejó Irene aprovechando para abrazarse a Marcos.
Miré para otro lado. ¡Era más falsa!
-Sí, yo también tengo frío.- Añadió Jessie.
-Yo no.- Sonrió Jake.
-Sí, porque ahora nos hemos quedado sin globos, que cuando tengamos, Miriam y tú os podéis preparar.- Amenazó Leo.
Yo me reí.
-Sí, con tu puntería no nos dais ni de coña.- Se burló Jake.
La discusión duró poco. Por el camino, Leo cogió agua de una fuente con las manos y mojó a Jake. Al final yo fui la única que no se había mojado. A ver, no es que me queje, que por mí mejor. Llegamos a la calle principal y nos despedimos. Habíamos quedado esa tarde en la plazoleta de enfrente de la casa de Nuria.
Cuando llegué a mi casa, mis padres parecían estar de muy buen humor. No pararon de bromear durante la comida. Mi abuela fue la única que estuvo callada todo el tiempo. Últimamente le pasaba a menudo. Entonces me acordé del coche negro que vi desde el tejado de la casa.
-Abuela, ¿sabes si hay alguien del pueblo que se haya comprado un coche hace poco?
-No, que yo sepa.- Dijo tras pensarlo un momento.- ¿Por qué lo dices?
-No, por nada…
-Hablando de coches, Fernando, creo que ya va siendo hora de cambiar mi coche.- Le dijo mi madre a mi padre.- El mío cada vez va peor, se cala un montón.
De ahí surgió una discusión sobre el coche entre mis padres. Mi madre quería uno nuevo, pero mi padre estaba empeñado en que el que tenía aún valía. Al final, cuando ya acabamos de comer, mi padre dijo que ya miraríamos precios.
Cuando acabamos de comer, mi padre se ofreció a ayudar a mi abuela a recoger la cocina y mi abuelo se fue al salón a ver las noticias. Nunca entenderé por qué a la gente le gusta escuchar noticias si siempre son malas. ¡No tenía sentido! En fin… Mi madre estaba yéndose a su habitación, pero la paré en el pasillo. Estaba de buen humor, así que tal vez soltaba prenda y me decía qué hacía el tío de Marcos en nuestra casa y por qué habían discutido.
-Mamá.- La llamé
-¿Si?
-¿Tienes un minuto? Quería hacerte una pregunta.
-Claro, dime.
-Verás… Sentía… Curiosidad. Quería saber qué quería el hombre que discutió contigo el otro día. Nunca le había visto por aquí.
-¿A qué viene eso ahora? ¿Seguro que solo es curiosidad?
¡Venga ya! Odiaba eso de que las madres tengan una especie de radar para saber cuando estás ocultando algo.
-Eh… Sí. Es que me he acordado de él en la comida y sentía curiosidad. Sólo eso.
-Ya.
-También quería saber quién era.- Puede que después de todo me hubiese equivocado y no fuese el tío de Marcos. Al fin y al cabo, le vi desde detrás de una cortina.
-Ya, pues resulta que no es asunto tuyo. Lo siento, Miriam. No es de tu incumbencia.
-Ya veo…- Bueno, por lo menos lo había intentado.
Subí a mi habitación para matar el tiempo hasta que llegase la hora de irse. Cogí el ordenador y me puse a navegar por internet. Me metí un momento en tuenti, pero no me apetecía hablar con ninguno de los usuarios conectados. Luego me puse a ver videoclips en youtube. Cuando dieron las cinco y media bajé a la cocina a despedirme y me fui.
Primero pasé por casa de Sara para ir juntas a casa de Nuria. Sin embargo, ella se encontraba mal, así que me dijo que no iba a salir. Me despedí y la deseé que se mejorara. Luego eché a andar hacia casa de Nuria. El camino se me hizo mucho más largo yendo sola. Hubo en algún momento en el que oí el ruido de un motor de un coche. Era muy leve, como si el coche estuviese yendo muy lento. Luego empecé a oír las voces de mis amigos y dejé de oírlo. Estaban todos menos Irene y Héctor. Marcos estaba bromeando con Paula. No parecía ni afectado ni triste. Seguro que Sara había exagerado con la actitud de Marcos el día que… Bueno el día en que pasaron tantas cosas. Sara y yo saludamos y nos sentamos en el banco con los demás. Enseguida llegaron Irene y Héctor. Fuimos a dar una vuelta mientras Irene nos contaba una historia supuestamente TERRIBLE que la había pasado. Luego, Leo fue a comprar una bolsa de palomitas, otra de patatas y algo más para compartir. Nosotros le esperamos en una callejuela de la parte más alta del pueblo. Yo me desorientaba fácilmente por ahí. Aunque, bueno, mi sentido de la orientación no es que fuese muy bueno… Cuando Leo volvió empezamos a picar algo de lo que había traído con las canciones de mi móvil como música de fondo.
Hubo un momento de la tarde en que volví a oír el ruido de un motor, esa vez más cerca. Qué raro. Bueno, en realidad, estas vacaciones no podían ser más raras. Cuando acabamos la comida, seguimos andando.
Volví a casa a eso de las nueve. Esa noche salí y no pasó nada raro. A la mañana siguiente no salí, porque dormí hasta tarde, y casi era la hora de comer. En vez de eso me puse a leer un libro en el patio. Era el de “Canciones para Paula”. Era de una chica que conoció a un chico por internet, Ángel y en su primera cita en persona, él se retrasa. Mientras llega, ella conoce a otro chico, Álex. Más tarde, deberá elegir entre ellos, pero Ángel, a la vez conoce a Katia, una famosa cantante que se enamora de él. Así que, aunque Ángel y Paula están juntos, los dos tienen el corazón dividido. Por si no fuesen suficientes problemas estaba la diferencia de edad. 
Después de comer, llamé a Sara. Habían quedado en el pabellón municipal. Había algunos que se habían apuntado a un torneo de fútbol y jugaban esa tarde. Sara me vino a buscar y echamos a andar hacia allí. Teníamos que pasar la plaza y un par de calles más para llegar. Por el camino también pasamos a buscar a Paula y a Nuria. Llegamos al pabellón y los chicos estaban calentando. Los que jugaban eran Héctor, Leo, Víctor, Marcos, Jake y Troy. Como este último no estaba, en su lugar iba a jugar Fran. A él no le gustaba demasiado el fútbol, prefería el baloncesto, pero si no, el equipo estaría incompleto. Además jugaba otro chico que no solía salir mucho, pero que jugaba al fútbol de miedo. En las gradas estábamos Irene, Paula, Jessie, Sara, Nuria, Gema y yo.
El partido empezó a las cinco. No presté demasiada atención. El fútbol no me entusiasmaba. En vez de eso, me puse a hablar con Gema. A ella, a Irene y a mí era a las que menos les gustaba. Las demás estaban metidas en el partido. No metía gol ninguno de los dos equipos, y el partido estaba bastante aburrido. Gema e Irene empezaron a hablar del otro chico del equipo.
-A mí me parece mono.- Dijo Gema.
-No sé…
-Fíjate en sus ojos. ¡Son preciosos!- Sus ojos eran de color verde brillante, muy llamativos.
-Sí, bueno su ojos son bonitos, pero a mí me van más los rubios.- Dijo Irene. A qué rubio se referiría… El otro chico del equipo tenía el pelo marrón oscuro.
-¿Cómo se llama?- Pregunté.
-Daniel.- Contestó Gema.
-A mí también me parece mono.- La di la razón.
-¿A que sí?
-Yo sigo con que me van más los rubios.- Siguió Irene.
Estábamos discutiendo sobre ese tema cuando por fin Héctor metió un gol gracias al pase de Daniel. Aplaudimos. El partido ya estaba ganado. Solo quedaban siete minutos. Cuando acabó les felicitamos.
-Lo habéis hecho genial.
-Gracias.- Respondió Leo sonriendo.
-Hombre, ya se sabía que lo íbamos a hacer genial.- Bromeó Héctor.
Me reí. Miré hacia otro lado y vi a Marcos mirándome. Le sostuve la mirada y entonces, Irene corrió a darle un abrazo.
-Has jugado genial.- Le dijo.
-Gracias.- Respondió él volviendo a mirarme, como si esperase que yo le dijera algo.
Pasé de ellos y fui a hablar con los demás.
-¿Y si vamos a comprar unos helados para celebrarlo?- Propuso Jessie.
-Por mí vale.- Asintió Jake
-Por mí también.- Añadió Leo
Todos asentimos, pero Marcos e Irene dijeron que no les apetecía, que se iban a dar un paseo. O mejor dicho, Irene dijo eso por los dos. Luego cogió a Marcos de la mano y echaron a andar.
Nosotros fuimos al bar de al lado del pabellón a por los helados, pero Gema dijo que Irene se había llevado su móvil. Al parecer, se lo había guardado porque Gema no tenía bolsillos y luego se le había olvidado pedírselo.
-Joder… ¿Me acompañáis?- Preguntó malhumorada.
Al final fui yo la que la acompañó a buscarles, ya que nadie más quería y yo no tenía mucha hambre. 
-No les veo. A saber dónde se han ido.- Me quejé.
-¿Por qué no llamas a mi móvil? Lo cogerá Irene y sabremos dónde están.
No me apetecía demasiado hablar con ella, pero marqué el número y llamé. Lo cogió enseguida.
-¿Sí?
-Hola Irene, soy Miriam. Te has llevado el móvil de Gema y lo necesita. ¿Dónde estás?
-¿Lo necesita ahora?- Se quejó.
-Sí.
-Vale… Estamos en el bosque.
Colgué y le dije a Gema lo que me había dicho. Echamos a andar hacia el bosque, pero por el camino vimos al hermano pequeño de Gema. Se había caído al suelo y estaba llorando.
-¡Lucas! ¿Estás bien?- Le llamó Gema preocupada.
Él estaba llorando y tenía la rodilla con sangre. Solo tenía cinco años. Estaba con la bici, pero se inclinó demasiado y se cayó.
-Joder.- Se quejó Gema angustiada.- Por favor, ve tú a por mi móvil. Tengo que quedarme con mi hermano. Por favor.
No me hacía mucha gracia, pero asentí y la dejé mi móvil para que llamase a alguien a que fuese a por su hermano. Luego eché a andar hacia el bosque. ¡Qué mala suerte! Solo esperaba encontrar a Marcos y a Irene pronto para acabar ya con esto. Pero a saber dónde estaban. No me había dicho en qué parte del bosque se encontraban. Encima ya no tenía mi móvil…
Cuando llegué a la entrada del bosque ya estaba empezando el crepúsculo. Encima, empezaba a hacer frío y yo no había llevado chaqueta. Entré en el bosque y miré hacia los lados. No veía a nadie. Seguí andando, pero seguía sin verles.
-¡Marcos! ¡Irene!- Llamé.
De pronto oí como una rama seca partirse detrás de mí.
-¿Marcos?
Vi una sombra negra esconderse detrás de un árbol y fue suficiente. Eché a correr. Las ramas me arañaban la cara y las manos, pero no me paré. Vi como la sombra me seguía, cada vez estaba más cerca. Me estaba empezando a cansar. Y, de pronto, me tropecé y me caí. Vamos, lo típico que pasaría en una pesadilla. Asustada me levanté. La sombra había desaparecido. ¡Qué raro! Si estaba ahí hace un momento. Por lo menos, ahora sabía que no quería hacerme daño, porque de haber querido, no habría desaparecido así de repente.
Miré hacia los lados confundida. Seguí andando hacia delante, ahora más lentamente y sin dejar de mirar a mi alrededor. De pronto oí una música. Venía de delante de mí. Eché a andar en dirección a ella. Puede que fuesen Marcos e Irene. Pero era extraño. No se oían voces. ¿Y si la sombra…?
Ahora empecé a andar más deprisa. La verdad, tenía que admitirlo, estaba asustada. La música sonaba cada vez más cerca. Tenía miedo de lo que pudiera encontrarme.
Ahora reconocía la canción.
Te pintaron un paisaje blanco y te salió de negro
Te lo mereces
En las relaciones toca sufrir a veces
Así como sufrí yo por ti una y tantas veces
Tantas veces… Te lo mereces… Te lo mereces.
Era la de “Te pintaron pajaritos”. Seguí andando, ya estaba cerca. Por fin, llegué al claro en el que estaban Marcos e Irene. Y estaban bien. Tal vez demasiado. Se estaban besando.

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