jueves, 27 de marzo de 2014

Epílogo



-Miriam, cariño, ve a la panadería y tráete dos barras. Voy a hacer unos bocadillos para el viaje.
-Claro mamá.
La obedecí inmediatamente. Sé que es difícil compensarles por lo que les había hecho pasar, pero lo estaba intentando. No les discutía nada de lo que me decían, e intentaba ser más cariñosa.
Salí de casa y eché a andar hacia la panadería, pero casi sin darme cuenta, cambié el rumbo y fui hacia el bosque. Algo me empujó a ir hacia allí.
Apoyé la mano en el tronco de un árbol. Cerré los ojos.
Cuando los abrí, una lágrima cayó por mi mejilla, y me sentí tonta por haberle creído cuando me prometió un infinito junto a él.
Oí unos pasos detrás de mí y una respiración pausada. Sabía quién era sin necesidad de volverme.
-¿Qué quieres?
Me volví. Dio un paso hacia mí, pero yo me aparté. Él pareció dolido. No le había vuelto a ver desde aquel día, pero se le notaba más cansado, más triste.
-Lo siento.- Murmuró mirándome a los ojos. Me secó una lágrima.- No llores, princesa.
No le solté un tortazo de milagro.
-No me llames así nunca más.- Le atravesé con la mirada.- Todas las princesas tienen su príncipe.
Cerró los ojos con expresión dolida. A mí también me dolió lo que él me hizo.
-Nunca te olvidaré Miriam.
Puede que en otro momento, eso me hubiera molestado, teniendo en cuenta lo que nos había pasado, pero por la forma en que lo dijo, no fue así. Esto era un adiós. Tal vez para siempre.
Sería lo mejor, ¿no? Todo esto había sido un error. El error más grande de toda mi vida. Pero aún así dolía. Todos las despedidas dolían.
Le vi alejarse.
-Ni yo a ti.
Lo dije en un susurro, y él estaba ya lejos. Aún así, estoy segura de que me oyó. No se volvió, pero sé que lo oyó.
Le vi abrir sus alas y volverse por última vez hacia mí. Después, echó a volar hasta que desapareció entre las nubes.
Mientras se lejaba, un pensamiento ocupó mi cabeza. Era algo que había leído una vez.
"Tras el mayor error de tu vida, siempre llega el mayor amor". 




domingo, 23 de marzo de 2014

Capítulo XL



Se separaron lentamente. Ella me miró, con una sonrisa de satisfacción. Él se volvió hacia mí con una expresión preocupada. Me entraron unas ganas tremendas de darle una torta.
Pero me había quedado petrificada. No podía creerlo. Mi niño rubio de ojos azules. Era por él por el que estaba metida en el mundo de los ángeles. Si no hubiésemos salido juntos, no habrían descubierto que soy una Samyaza y Daniel estaría bien, igual que todos los demás. Y ahora...
No solté una sola lágrima. Supongo que ya había llorado demasiado los últimos días. Además, acababa de comprender que no se merecía que derramase ni una sola lágrima por él.
Me limité a darme la vuelta y a empezar a andar.
-Miriam, espera.
-Marcos déjala.- Le dijo la zorra de Julia agarrándole del brazo.- Por favor.
-No puedo.
Se acercó a mí y me cogió del brazo, obligándome a girarme hacia él.
A pesar de lo que se abría podido esperar, no le grité ni le pegué, ni absolutamente nada. No merecía la pena. Simplemente le dije dos cosas.
-Marcos, por favor, déjame en paz.- Me soltó. Iba a salir por la puerta cuando me volví hacia él de nuevo.- ¿Sabes una cosa? De todas las mentiras que me has dicho, "te amo" era mi favorita.
Salí por la puerta a la vez que llegaban Jake y Sara al piso de arriba.
-Miriam, amor. ¿Qué  ha pasado?- Preguntó Sara.
-Nada. Es solo que por fin veo las cosas claras. Aunque me da rabia que haya tenido que pasar todo esto antes de darme cuenta de cómo son las cosas realmente.
Jake no me escuchó y se lanzó contra Marcos.
-¿De qué coño vas?- Le dio un empujón, haciendo que se tambaleara.- Eres un gilipollas. Ella confiaba en ti.- Le empujó de nuevo.- Y yo también.
-Jake.- Llamó Sara. Él se tambaleó y Sara corrió hacia él. Aún estaba débil por el hechizo. Había estado demasiado tiempo dormido.- Déjale ya.
-Jake, no te preocupes.- Me miró incrédulo.- Enserio, no merece la pena.
Marcos me miró dolido. Por mí podía irse a la mierda.
Jake intentó pegarle de nuevo, pero volvió a tambalearse y finalmente Sara le sacó de allí. Yo me volví para seguirles, pero me detuvo la voz de Marcos.
-Miriam, espera. Yo... Lo siento, pero puedo explicártelo.
¿Estaba de coña o qué? Me giré de nuevo hacia él y le enseñé el dedo. Después salí de allí, con la mirada de Marcos clavada en la espalda.
Cuando llegué a la plaza, Jake y Sara me estaban esperando, sentados en un banco, con el ceño fruncido. Parecían preocupados.
-Miriam. ¿Cómo estás, cariño?- Preguntó Sara.
-¿Yo?- Permanecí inexpresiva.- Perfectamente. ¿Nos vamos?
Echamos a andar hacia el bosque. Había que hablar un par de cosas antes de volver a casa. Al fin y al cabo, Jake y yo llevábamos días desaparecidos.
Cuando llegamos a un claro del bosque con un árbol caído, nos sentamos en el tronco y Jake me miró con expresión enfadada.
-Miriam, siento mucho lo del imbécil de Marcos.- Me dijo Jake serio.- Si quieres, puedo volver y romperle la cara. Lo que te ha hecho es imperdonable.
-No te preocupes, Jake. Enserio, no importa.
-No puedo creer que haya hecho algo así. Marcos no parecía de ese tipo de tíos...- Sara seguía con una expresión más sorprendida que enfadada.
-Yo tampoco. Parecía un tío legal.- Añadió Jake, aún enfadado.
-Dejadlo ya, ¿vale?
Me levanté y eché a andar en la dirección contraria a la que habíamos venido. Jake intentó seguirme, pero Sara le agarró del brazo para impedírselo.
-Necesita estar sola. Han pasado demasiadas cosas.
Le di gracias mentalmente, pero no miré hacia atrás.
Recorrí un buen trecho. Me detuve en seco al llegar al lugar donde supuestamente iba a celebrarse mi cumpleaños. Si Axel no hubiese aparecido, claro.
Recorrí con la mirada el claro. La pancarta, la mesa, las sillas, los globos, la mayoría de ellos ya explotados... Todo había sido idea de Marcos. El mismo gilipollas que me había engañado con la tal Julia.
Me pregunté cuánto tiempo llevaban juntos. Tal vez desde principio de verano. Tal vez incluso antes... Solo de imaginármelo con la zorra esa me daban arcadas.
Si es que soy imbécil. ¿Cómo pude creer que me quería alguien como él? Estaba claro que era demasiado perfecto para ser verdad.
Me di cuenta de que estaba llorando de nuevo. Me sequé las lágrimas enfadada.
Es que no se lo merecía. No se merecía ni una sola de mis lágrimas. Si pudiese volver atrás y hacer que nada de esto hubiese pasado, lo haría. Pero ya era tarde, así que ahora ya solamente podía seguir para delante. Pero sin él.
Cerré los ojos. Era verdad que con él había vivido los mejores momentos de mi vida, pero eso ya había pasado. Ahora tenía que olvidar todo aquello y empezar de nuevo.
Intenté borrar de mi mente todos esos besos y caricias, esos "buenos días princesa" y esos "te quiero" susurrados al oído. Todos los momentos que había vivido junto a él.
Entonces vino a mi mente la imagen de Marcos liándose con Julia. Fruncí el ceño. Pasé de la tristeza al enfado. Y después de eso, aún tenía el valor de decirme que podía explicarlo.
Pensé en todo lo que había pasado este verano por su culpa. Había tenido que dormir en la orilla de un lago durante días, había tenido que comer lo poco que me daban mis amigos, me habían secuestrado y había desaparecido sin dar explicación alguna de mi casa.
Y él mientras tanto se liaba con otra chica.
Volví donde estaban Daniel y Sara con el pensamiento de olvidarle. Para siempre. Aunque me costara.
Cuando llegué, les oí reír. Luego silencio.
-¿Qué pasa?- Preguntó Jake.
No me acerqué. No quería interrumpirles.
-Creí que nunca volvería a verte, ¿sabes? Cuando Miriam me contó lo que te había pasado, yo...- No terminó la frase. Se mordió el labio.
-¿Tú?
-Estaba muy preocupada.- Respondió escuetamente.
-Ah.- Pareció decepcionado.
Pasaron unos segundos y pensé que quizá ya debiese ir con ellos. No creía que fuesen a decir nada más.
-Además...- Jake se volvió hacia ella y yo me quedé quieta.- Hay algo que quería decirte. Tenía miedo de no poder decírtelo nunca. De haber perdido mi oportunidad.
-¿El qué?
Me aleje un poco. Me sentía mal por estar escuchándoles. Pasaron dos minutos y volví. No aguantaba más. Sentía demasiada curiosidad.
No se oía nada. Me iba a asomar para ver si seguían ahí. Tropecé con una rama y estuve a punto de caerme de boca, pero conseguí mantener el equilibrio.
Había acabado en medio del claro. Jake y Sara se estaban besando. Sonreí. Me alegraba de que por lo menos ellos sí que estuviesen bien.
Intenté alejarme, pero debí de hacer ruido, porque Jake me llamó.
-Miriam.
Mierda.
-Yo ya me iba.
-No pasa nada.- Sara se levantó sonrojada.
-Esto... ¿Dónde estabas?- Jake también estaba sonrojado.
-Dando una vuelta...- No me apetecía recordar a Marcos.- A ver. Tenemos que volver pronto. Ya es muy tarde. ¿Qué vamos a hacer?
- Necesitamos alguna excusa para explicar que hayáis estado desaparecidos durante tanto tiempo. Bueno, lo de Jake está claro. Salió del coma inesperadamente y no recuerda nada. Pero lo de Miriam va a ser algo más complicado.- Sara frunció el ceño.
-Podemos poner cualquier excusa. No sé, se fugo con el novio, que podemos decir que era Daniel y aprovechar que él también estuvo desaparecido.
-No es tan fácil.- Objeté.- No desaparecimos al mismo tiempo. Además, eso no explicaría que les mandase una nota diciendo que estaba bien, y que les quería, pero que no podía volver todavía.
-¡¿Que hiciste qué?!- Jake abrió los ojos como platos.
-No fue idea mía. Además, era para no preocuparles.
-Claro, seguro que funcionó y todo.
-Calla, anda, que así no ayudas.- Sara le dio un empujón cariñoso.
-Si es que no se os puede dejar solas, ¿eh?
-Pues no lo hagas.- Nada más decirlo, Sara bajó la mirada sonrojada. Solo estaba pensando en voz alta.
-Bueno, a ver, tenemos que pensar algo rápido.- Cambié de tema.
-¿Y algo relacionado con Jake?- Propuso Sara aliviada por haber cambiado de tema.
-Eso es.- No era mala idea.- Eso explicaría que volviésemos a casa el mismo día.
-¿Algo como qué?- Preguntó él.
-Es muy fácil. Me sentía culpable, porque estaba hablando contigo en el momento del accidente, y entonces fui a París a verte. Después le mandé la carta a Sara y le pedí que la dejase en mi casa para no preocuparles. La hice prometer no decirles donde estaba. Una vez que te despertaste, volvimos a casa.
-Seguiría habiendo un problema. Mis padres saben que desaparecí del hospital. Se lo dijeron.- Objetó Jake
-Pues decimos que hubo un problema con el papeleo cuando te cambiaron de habitación. Miriam te encontró por casualidad, porque pasó por delante de la puerta de tu habitación cuando iba a volverse al pueblo, pero estaba tan preocupada que no se le ocurrió contárselo a tus padres.- Sara sonrió.
-Muy bien. Pues asunto arreglado, ¿no?- Yo también sonreí satisfecha.
-Bueno.- Jake no parecía muy convencido con la historia, pero asintió.
-Entonces ya nos vamos, ¿no?
Cogí aire. Estaba nerviosa. Hacía ya mucho que no les veía. No sabía cómo reaccionarían.
-Sí.
Andamos hasta el linde del bosque. Cuando llegamos al pueblo, Jake se despidió de nosotras.
-¿Qué tal con Jake?- Pregunté sonriendo a Sara cuando este se fue.
-Jo, calla. Me siento fatal. Tu pasándolo mal por el imbécil de Marcos, y yo... Soy la peor amiga del mundo.
-No seas tonta. Me alegro un montón de que vosotros si estéis bien. Pero me tienes que prometer una cosa.
-Claro, lo que sea.
-Prométeme que me invitarás a vuestra boda.
-¡Miriam!- Me dio un empujón suave.- Que tonta eres. No vamos acasarnos.
Me reí.
Cuando llegamos a la puerta de mi casa, me quedé ahí parada.
-No sé si puedo hacerlo. He estado fuera demasiado tiempo.
-No digas tonterías. Claro que puedes. Vas a entrar ahí y vas a hacer que todo sea como antes. O parecido. Todo va a volver a estar bien, ya lo verás.
La abracé. Menos mal que tenía a Sara.
-Gracias por estar ahí. No sé dónde estaría yo ahora si no me hubieses ayudado.
-Recuérdalo siempre. Si te caes te levanto, y si no puedo, me tumbo a tu lado.
Sonreí y me separé de ella. Luego cogí aire y llamé a la puerta.
Cuando me abrió mi abuelo, Sara ya se había ido.
-Miriam.- Abrió los ojos como platos.- ¡La niña!- Gritó.
Me besó en la mejilla.
-Abuelo.
-¿Dónde has estado? Nos tenías muy preocupados.
Mi abuela apareció por el pasillo.
-¡Oh, gracias a Dios! ¡Mi vida, Miriam!
Ella también me abrazó.
Por último aparecieron mi madre y mi padre, cogidos de la mano. Al verme mi madre soltó un gritito y corrió a abrazarme.
Después de los saludos y los abrazos, fuimos todos al salón.
-Bueno, Miriam. ¿Dónde has estado?
·   ·   ·
Mientras tanto, Sara se disponía a entrar a su casa cuando oyó una voz conocida detrás de ella.
-Sara.
-¿Qué quieres?
-¿Cómo está Miriam?
-Ah, que ahora resulta que te importa.
-Siempre me ha importado.
-Vete a la mierda.
-La preguntaré a ella.
-Como hagas eso te juro que te mato y le digo a todo el mundo lo que sé de ti y tus alas.
-No lo harás.
-Ni se te ocurra dar un paso más hacia ella.
-Está bien.
-¿Qué has hecho con Axel?
-Le he llevado a Grecia. Su sueño era ir allí. Aunque no estoy seguro de si despertará para verlo. Está muy grave.
-Lo siento.
-¿Por qué?
-Era tu tío.
Marcos bajó la mirada.
-No he venido por eso.
-Olvida a Miriam de una vez. Eres un cabrón. Ella se la jugaba por ti, mientras tú jugabas con ella. ¿Entiendes la diferencia? Olvídala.
-Ya.
No dijo nada más. Miró una última vez hacia casa de Miriam. Sara le vigilaba atenta, por si tenía que lanzarse hacia él si decidía salir corriendo hacia allí. Pero no pasó nada. Marcos se fue por donde había venido ante la mirada atenta de Sara.

martes, 18 de marzo de 2014

Capítulo XXXIX



Lancé la piedra luna hacia Marcos. Me sequé las lágrimas y contuve el aliento.
La piedra luna silbó en el aire y golpeó a Marcos en el pecho. Pero fue demasiado tarde para evitar lo inevitable.
Creo que la piedra luna redujo el impacto del hechizo de Axel, pero aún así, Marcos salió despedido hasta golpearse de espaldas con una pared y caer rendido al suelo. Pero seguía vivo. Estaba segura.
-Axel.- Llamó Eneas cuando este se disponía a lanzar el golpe definitivo.
Todos nos volvimos hacia la puerta. La sangre se me heló en las venas una vez más. Parpadeé varias veces. No podía ser verdad.
-¡Miriam!- Sara hizo un amago de ir hacia mí, pero se lo pensó mejor y se detuvo. Yo no podía moverme. Estaba paralizada. Sara se volvió hacia Axel seria.
-Otra vez tú.- Axel tenía la cara roja de ira. La miró con odio. Esta vez ninguno de vosotros saldrá inmune de aquí.- Paso su mirada por Marcos, por Sara, por Jake y por mí. Sara estaba demasiado distraída como para darse cuenta de que a pocos metros de ella se encontraba el amor de su vida.
Entonces, vi como Axel se disponía a atacar a Sara. Entonces, aproveché que Eneas estaba distraído, y le di una patada para soltarme. Soltó un quejido y trató de agarrarme, pero me escurrí entre sus brazos  y corrí hasta Axel, al que pegué un empujón con todas mis fuerzas. No se lo esperaba, y se tropezó con la túnica, cayendo al suelo. Entonces, corrí hacia la pared de enfrente de la puerta, donde se había estampado Marcos. Sara vino corriendo a mi lado.
-Miriam.- Me abrazó llorando.- Lo siento. No tenía que haberme ido. Me sentía fatal. Estaba muy preocupada. ¿tú estás bien?
-He estado mejor.- La sonreí.- Pero ya te contaré cuando salgamos de esta, ¿vale?
-Claro.- Sonrió mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Se las limpió y intenté sonreírla. Me sentía fatal por haberla metido en esto. Si la pasaba algo... De pronto, me di cuenta de que yo también estaba llorando. Me sequé las lágrimas con la manga de la túnica.
Me volví hacia Axel seria.
-Al final todos acabaréis como él. ¡Joder!- Lanzó una especie de chispa brillante a unos metros de nosotros. Nos giramos hacia allí.
-Jake.
Sara al verle, corrió hacia él a toda velocidad. Se tiro en el suelo junto a él y empezó a llorar de nuevo. Se levantó y miró a Axel, y luego a mí.
-Después iré con ellos. Pero es que tú ya me estás cansando, ¿sabes, Miriam? Al cuerno la entrega de tu puñetera voluntad. Me has agotado la paciencia.
Vi como juntaba las manos y cerraba los ojos concentrándose. Estaba preparando algo gordo de nuevo. Cogí la mano de Marcos. Él agarró la mía con las últimas fuerzas que le quedaban.
-Te quiero.- Me susurró.
Entonces recogí la piedra que se encontraba a pocos centímetros de nosotros. Era la piedra luna. Tal vez aún nos quedasen esperanzas.
Solté la mano de Marcos y con la piedra luna apoyada en mi pecho, cerré los ojos. Esta vez no quería que Axel cayese al suelo. No quería que se desmayase. No quería atacarle a él para defenderme.
En vez de todo eso, cerré los ojos y pensé en Jake. Recordé sus ojos verdes, y su risa contagiosa. Recordé cuando vacilaba a Sara.
Recordé la vez en que él la amenazaba con tirarla al río, o las veces en que fue a pegarse con Marcos el verano pasado porque yo lo estaba pasando mal por su culpa. Yo tenía que ir entonces a detenerle y intentaba cambiar de tema para que lo olvidase. 
También recordé las discusiones que tuvimos. No han sido muchas, teniendo en cuenta que nos conocemos desde muy pequeños. Una de las veces que más me enfadé con él, fue este año, cuando el no me creyó acerca de Axel y me acusó de que me lo estaba inventando. Pasé un tiempo sin dirigirle la palabra.
Y ahora, cuando lo pienso, lo único que desearía es que no me hubiese creído y que no se hubiese molestado en investigar. Así no estaría medio muerto
También pensé en Marcos. Otra vez, recordé los momentos que habíamos pasado juntos. Sobre todo, los últimos. Recordé cuando le conté lo de Jake. Si no se lo hubiese contado ahora estaría tranquilamente en su casa, tal vez preguntándose dónde estaba yo.
Conclusión: Soy imbécil.
Pero ya no podía volver atrás. Ahora lo única manera de arreglarlo, era hacer que se despertasen. Ellos y todas las personas a las que Axel había hecho mal. Todos ellos. Que todos los hechizos que había hecho Axel a lo largo de toda su vida se deshiciesen. Todos los que había hecho hasta ahora, incluyendo a Marcos y a Jake.
Ojalá pudiese hacerlo. Ojalá.
Me sentía impotente. No abrí los ojos. ¿Para qué? ¿Para ver cómo lo había jodido todo?
Imaginé por un momento que Jake y Marcos despertaban de nuevo. Un sueño demasiado bonito, ¿no? Pensé en la risa de Jake y en la sonrisa de Marcos.
Y en ese instante, una lágrima cayó de nuevo por mi mejilla.
Y abrí los ojos seria.
En ese preciso instante, la piedra luna, se partió en mil pedazos brillantes que se fueron en todas direcciones dejando un haz de luz a su paso.
No me moví. Ni siquiera parpadeé. Los pedazos de piedra luna atravesaron el aire a una velocidad inhumana. Uno alcanzó a Jake, y otró a Marcos. Otros fueron hacia el interior de la casa, y otros salieron despedidos a kilómetros de donde yo estaba. Pero ninguno alcanzó a Axel.
Lástima. Me dio pena saber que iba a morir. Nunca sabría lo que pasó finalmente con Jake y Marcos. Ni con Sara.
Un sentimiento de miedo me atravesó al imaginarme que Axel les mataba a todos finalmente.
¿Y si eso pasaba? ¿Y si morían por mi culpa? Bueno, supongo que no tendría tiempo para cargar con la culpa. "Al menos en vida", pensé irónicamente.
A lo que no tuve miedo fue a mi ya inevitable muerte. Tal vez sí sentí tristeza, pero no miedo. Tristeza porque sabía que nunca volvería a ver a mi familia, porque les había dado falsas esperanzas con aquella carta. Tristeza porque nuca volvería a estar de risas con mis amigos, ni a surfear una buena ola. Y tristeza porque nunca volvería a sentir los labios de Marcos contra los míos.
Supongo que si no sentí miedo alguno, es porque siempre me ha parecido  una tontería temer lo inevitable. Es mejor ir haciéndose a la idea. Y eso hice.
No iba a soltar ni una sola lágrima más.
Y en ese momento, Axel abrió los ojos. No sonreía. Vi que iba a lanzar lo que quisiese que había estado preparando, pero no le suponía ninguna alegría.
Le miré fijamente, sin miedo en la mirada. Tal vez incluso desafiante.
Y justo en ese momento en el que creía que iba a ser el último, la puerta volvió a abrirse de golpe. No tuve ni siquiera tiempo de asimilar lo que estaba ocurriendo. Solo vi que alguien a quien  no tuve tiempo de verle la cara, se tiraba contra Axel haciendo que cayese al suelo. Entonces, de las manos de Axel salieron despedidos dos rayos de luz, pero no fueron dirigidos a mí, sino hacia la persona que lo había atacado, que ahora se encontraba encima de él.
Entonces, vi a otro chico, que aprovechando la distracción, golpeaba a Axel en la cabeza, haciendo que se derrumbase. Ese otro chico tenía los ojos verdes y el pelo castaño. Era un chico al que creía que nunca volvería a oír reír.
-Jake.
No pude ni siquiera sonreír. Estaba atónita. De pronto, me eché a reír. No podía creerlo. Lo había conseguido. Había salvado a Jake.
Me giré hacia Marcos. Él también se estaba levantando, desconcertado. Sonreí. Iba a ir a besarle cuando Jake me llamó con voz preocupada. Acerté a ver por el rabillo del ojo cómo Eneas huía asustado hacia el firmamento, ahora lleno de estrellas.
Me volví para ver a Daniel tambaleándose. Ese chico de ojos verdes y pelo dorado con el que tanto me había enfadado hacía apenas un  día me había salvado la vida. Pero había arriesgado la suya a cambio.
Corrí hacia él aún sorprendida.
Entonces cayó redondo al suelo, tosiendo de una forma muy desagradable.
-¡Daniel!
Jake abrazó a Sara, que frunció el ceño preocupada. Yo me agaché junto a Daniel. A  Marcos no le vi.
Le busqué el pulso. No se lo encontraba.
-No tiene pulso. ¡No tiene pulso. Joder, está muerto por mi culpa.- Empecé a ponerme histérica.- Está muerto. Joder, le ha matado.
Jake se inclinó junto a Daniel.
Tras observarle unos instantes me sonrió.
-Aún no. Ayúdame, ¿quieres?
Le levantó la camiseta y buscó el punto preciso, justo debajo de sus costillas. Luego puso las manos ahí y apretó. Otra vez. Otra.
-¿Qué haces?
-Es una PCR, parada cardiorrespiratoria. Sara, llama a una ambulancia. Antes de seguir vamos a bajarle a la plaza. No conviene que vean este desastre. Miriam, ayúdame.
Cogí a Daniel pasando su brazo sobre mi hombro y ayudé a Jake a llevarlo abajo. Luego lo tendimos en el suelo. Allí, Jake empezó de nuevo con la maniobra.
-Tú le haces el boca a boca.
Asentí. Había dado un curso de primeros auxilios en cuarto. Cuando Jake acabó con los golpes repetidos en el pecho, me incliné sobre él y le hice el boca a boca. Después, Jake empezó de nuevo con los golpes, y así sucesivamente.
-Sara, ¿va a venir?
-Falta poco.
Sara no se estaba quieta. Dio la vuelta a la plazoleta unas diez veces.
-¿Diste bien las indicaciones?
-Sí
Pasaron dos minutos.
-¿Estás segura?
-¡No lo sé!
Entonces, oímos una sirena de ambulancia que se acercaba. Suspiré aliviada. Varios médicos bajaron arrastrando una camilla.
-¿Qué ha pasado?
No contesté. No sabía muy bien qué decir.
-No sabemos. Vinimos dando un paseo y le vimos aquí tirado. No parecía llevar mucho tiempo.
-Vale. Muchas gracias.
Dos médicos le metieron en la ambulancia.
-¿Sabéis quién es?
-Se llama Daniel Núñez.- Contestó Jake tranquilo.
-Muchas gracias. ¿Algún nombre?
-Miriam Martín.- Respondí. Si había novedades quería ser la primera en enterarme. No estaba segura de que fuesen a decírmelo si algo salía mal.
-Vale. Eso es todo. Cuando sepamos algo se les avisará.
La ambulancia se alejó. Cuando la perdimos de vista, otro pensamiento ocupó mi cabeza.
-¿Habéis visto a Marcos?
-Yo no.- Contestó Sara, también extrañada.
-Creo que sigue arriba.- Respondió Jake con el deño fruncido.
-Voy a buscarle.
-Miriam, no creo que sea una buena idea.- Me dijo Jake agarrándome del brazo.
-¿Perdón?- Percibí preocupación en su mirada. ¿Y si..?- Está en peligro. Es eso, ¿no? ¿Ha vuelto Eneas? ¿Le habéis visto? Tengo que ir.
-Miriam, no es eso.
-¿Cómo que no es eso? ¿Entonces...?
Preocupada, me solté y pasé corriendo a la casa. Subí las escaleras de dos en dos mientras oía a Jake llamándome, como resignado y preocupado a la vez. ¿Qué pasaba?
Cuando llegué arriba, abrí la puerta de golpe.
Entonces me quedé de piedra.
Marcos estaba de espaldas a mí, liándose con una tía pelirroja. Era la de las fotos. Esa tal Julia. No podía creerlo.
No es que estuviésemos saliendo oficialmente, pero aún así. Me les quedé mirando boquiabierta, hasta que Marcos advirtió mi presencia.